la batalla por temor a sus instrucciones.
El ala derecha de los corintios fue la que más sufrió. Los corcireos la pusieron en fuga y la persiguieron en desorden hasta el continente con veinte barcos, navegaron hasta su campamento, quemaron las tiendas que encontraron vacías y saquearon los enseres. Así pues, en este sector los corintios y sus aliados fueron derrotados, y los corcireos resultaron vencedores.
Pero donde estaban los propios corintios, a la izquierda, obtuvieron un éxito rotundo; las escasas fuerzas de los corcireos se veían aún más debilitadas por la ausencia de los veinte barcos que andaban en la persecución.
Viendo a los corcireos en apuros, los atenienses comenzaron por fin a socorrerlos de manera más inequívoca. Al principio, es verdad, se abstuvieron de embestir contra nave alguna; pero cuando la derrota se hizo evidente y los corintios arremetían con fuerza, llegó por fin el momento en que todos entraron en combate, se abandonó toda distinción y se llegó al extremo de que corintios y atenienses alzaron las manos los unos contra los otros.