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nydus/SiddharthaPublic
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Gotama

—Eres sabio, oh samana —dijo el venerable—. Sabes hablar con sabiduría, amigo mío. ¡Cuídate del exceso de sabiduría!

El Buda se alejó, y su mirada y media sonrisa quedaron grabadas para siempre en la memoria de Siddhartha.

Jamás antes había visto a una persona mirar y sonreír, sentarse y caminar de este modo, pensó; en verdad, yo también deseo ser capaz de mirar y sonreír, sentarme y caminar de este modo, así libre, así venerable, así oculto, así abierto, así aniñado y misterioso.

En verdad, solo una persona que ha logrado llegar a lo más recóndito de su ser miraría y caminaría de este modo.

Pues bien, yo también buscaré llegar a lo más recóndito de mi ser.

Vi a un hombre, pensó Siddhartha, a un solo hombre, ante quien tendría que bajar la mirada. No quiero bajar la mirada ante ningún otro, ante ningún otro. Ninguna enseñanza me seducirá ya más, puesto que las enseñanzas de este hombre no me han seducido.

Me ha despojado el Buda, pensó Siddhartha, me ha despojado, y aún más me ha dado. Me ha privado de mi amigo, aquel que había creído en mí y ahora cree en él, que había sido mi sombra y ahora es la sombra de Gotama. Pero me ha dado a Siddhartha, a mí mismo.

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