consideración de tu vida, tu vida de niño, de joven, tu edad viril, tu vejez, pues también en ellas cada cambio fue una muerte. ¿Hay algo que temer en esto? Dirige ahora tus pensamientos a tu vida bajo tu abuelo, luego a tu vida bajo tu madre, después a tu vida bajo tu padre; y como hallarás muchas otras diferencias, cambios y terminaciones, pregúntate: ¿Hay algo que temer en esto? De igual modo, pues, tampoco la terminación, la cesación y el cambio de toda tu vida son algo que deba temerse.
Date prisa en examinar tu propia facultad directiva, la del universo y la de tu prójimo:
- la tuya, para que la hagas justa;
- la del universo, para que recuerdes de qué parte eres;
- la de tu prójimo, para que sepas si ha obrado por ignorancia o con conocimiento, y para que consideres también que su facultad directiva es pariente de la tuya.