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Libro X

¿No serás, pues, alma mía, alguna vez buena, sencilla, única y desnuda, más manifiesta que el cuerpo que te envuelve?

¿No gozarás nunca de una disposición afectuosa y satisfecha?

¿No estarás jamás llena y sin carencia de clase alguna, sin anhelar nada más, ni desear cosa alguna, ni animada ni inanimada, para el disfrute de los placeres?

¿Ni desearás tampoco tiempo en el que tengas un disfrute más prolongado, ni lugar, ni clima apacible, ni la compañía de hombres con quienes puedas vivir en armonía?

¿Sino que te mostrarás satisfecha con tu condición presente, y complacida con todo lo que te rodea, y te convencerás de que lo posees todo y de que procede de los dioses, de que todo te va bien y te irá bien todo lo que a ellos les agrade y cuanto te otorguen para la conservación del ser viviente perfecto, bueno, justo y hermoso, que engendra y mantiene unidas todas las cosas, y contiene y abarca todas las cosas que se disuelven para la producción de otras semejantes?

¿No serás nunca tal que mores de tal modo en comunidad con dioses y hombres que ni les culpes en absoluto ni seas condenada por ellos?

Observa lo que tu naturaleza requiere, en la medida en que estés gobernado solo por la naturaleza: luego hazlo y acéptalo, si tu naturaleza, en la medida en que eres un ser vivo, no empeora por ello.

Y a continuación debes observar lo que tu naturaleza requiere en la medida en que eres un ser viviente. Y todo esto te lo puedes permitir, si

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