No te dejes arrastrar inconsideradamente por la apariencia de las cosas, sino presta ayuda a todos según tu capacidad y su aptitud; y si hubieran sufrido una pérdida en asuntos que son indiferentes, no te imagines que esto sea un daño. Pues es un mal hábito. Mas como el viejo, cuando se marchaba, pidió de vuelta la peonza de su hijo adoptivo, recordando que era una peonza, así haz tú también en este caso.
Cuando estás arengando en la Rostra, ¿has olvidado, hombre, qué son estas cosas?—Sí; pero son objetos de gran interés para esta gente—¿acaso te volverás tú también un necio por estas cosas?—Fui una vez un hombre afortunado, pero lo perdí, no sé cómo.—Pero afortunado significa que un hombre se ha asignado a sí mismo una buena fortuna: y la buena fortuna es una buena disposición del alma, buenas emociones, buenas acciones.