La seguridad de la vida es esta: examinarlo todo por completo, qué es en sí mismo, cuál es su materia, cuál su parte formal; con toda tu alma hacer justicia y decir la verdad.
¿Qué queda sino disfrutar de la vida uniendo una buena cosa a otra de modo que no quede ni el más mínimo intervalo entre ellas?
Hay una luz del sol, aunque sea interrumpida por muros, montañas y otras cosas infinitas.
Hay una sustancia común, aunque esté distribuida entre innumerables cuerpos que tienen sus cualidades particulares.
Hay un alma, aunque esté distribuida entre infinitas naturalezas y circunscripciones individuales [o individuos].
Hay un alma inteligente, aunque parezca dividida.
Ahora bien, en las cosas que se han mencionado, todas las demás partes, tales como las que son aire y materia, carecen de sensación y no tienen afinidad: y sin embargo, incluso a estas partes las mantiene unidas el principio inteligente y la gravitación hacia lo mismo.
Pero el intelecto tiende de manera peculiar hacia aquello que es de su misma estirpe, y se combina con ello, y el sentimiento de comunión no se interrumpe.
¿Qué es lo que deseas? ¿Continuar existiendo? Bien, ¿deseas tener sensación? ¿movimiento? ¿crecimiento? ¿y de nuevo dejar de crecer? ¿usar la palabra? ¿pensar? ¿Qué hay de todas estas cosas que te parezca digno de desearse? Pero si es fácil dar poco valor a todas estas cosas, vuélvete hacia lo que queda, que es seguir a la razón y a dios.