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nydus/MiddlemarchPublic
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XVI

perviven en ecos perpetuos, y en toda expresión delicada interviene en alguna parte una actividad originaria, aunque no sea más que la de un intérprete. Lydgate quedó cautivado y empezó a creer que ella era algo excepcional. A fin de cuentas, pensaba, uno no debe sorprenderse al hallar las raras combinaciones de la naturaleza en circunstancias aparentemente desfavorables: surjan donde surjan, siempre dependen de condiciones que no son evidentes. Se quedó mirándola y no se levantó a hacerle ningún complido, dejándoselo a otros, ahora que su admiración era más profunda.

Su canto era menos notable, pero también bien cultivado, y dulce al oído como un carillón perfectamente afinado. Es verdad que cantaba «Meet me by moonlight» y «I’ve been roaming»; pues los mortales deben compartir las modas de su tiempo, y nadie, salvo los antiguos, puede ser siempre clásico. Pero Rosamond también sabía cantar «Black-eyed Susan» con gracia, o las canzonetas de Haydn, o «Voi, che sapete», o «Batti, batti» —solo necesitaba saber qué le gustaba a su público.

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