de referirme. Nuestras conversaciones han hecho, creo, suficientemente claro para usted el tenor de mi vida y de mis propósitos: un tenor inadecuado, bien lo sé, para la más vulgar de las mentes. Pero he advertido en usted una elevación de pensamiento y una capacidad de entrega que hasta entonces no había creído compatibles ni con la temprana flor de la juventud ni con aquellas gracias del sexo de las que puede decirse que al mismo tiempo conquistan y otorgan distinción cuando se combinan, como lo hacen de manera notable en usted, con las cualidades mentales antes indicadas. Estaba, lo confieso, más allá de mis esperanzas hallar esta rara combinación de elementos tanto sólidos como atractivos, adaptados para prestar ayuda en labores más graves y para arrojar un encanto sobre las horas vacías; y de no ser por el acontecimiento de mi presentación a usted (que, permítame reiterarlo, confío en que no sea una coincidencia superficial con necesidades premonitorias, sino que guarde con ellas una relación providencial a modo de etapas hacia la culminación del plan de una vida), presumiblemente habría seguido hasta el final sin ningún intento de aligerar mi soledad mediante una unión matrimonial. > > Tal es, mi querida señorita Brooke, la exposición exacta de mis sentimientos; y confío en su amable indulgencia al atreverme ahora a preguntarle hasta qué punto los suyos son de naturaleza tal que confirmen mi feliz presentimiento. Ser aceptado por usted como su esposo y como el guardián terrenal de su bienestar lo consideraría el más alto de los dones providenciales. A cambio puedo ofrecerle al menos un afecto hasta ahora no desperdiciado, y la fiel consagración de una vida que, por corta
Table of Contents
V. Las enfermedades de los estudiantes
66