Dorothea le dijo que había visto a Lydgate y le relató lo fundamental de su conversación con él acerca del Hospital. Mr. Casaubon no la interrogó más, pero dio por sentado que ella había querido saber lo que había pasado entre Lydgate y él.
«Ella sabe que yo sé», decía la voz siempre inquieta en su interior; pero ese aumento de conocimiento tácito no hacía más que alejar aún más cualquier confianza entre ambos.
Desconfiaba del afecto de ella; ¿y qué soledad es más solitaria que la desconfianza?