CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/MiddlemarchPublic
Page 404 of 962
Table of Contents

XXVI

que un hombre más joven, como Lydgate, lo consideraba internamente necesitado de instrucción, pues «a decir verdad», dijo después el señor Wrench, Lydgate hacía gala de ideas alocadas y extranjeras que no iban a durar. Se tragó su ira por el momento, pero después escribió para declinar seguir atendiendo el caso. La casa sería muy buena, pero el señor Wrench no iba a humillarse ante nadie en un asunto profesional. Pensó, con mucha probabilidad a su favor, que a Lydgate pronto lo pillarían en falso también, y que sus intentos poco caballerosos de desacreditar la venta de medicamentos por parte de sus colegas profesionales se volverían contra él más pronto que tarde. Soltó comentarios mordaces sobre las tretas de Lydgate, dignas únicamente de un charlatán, para ganarse una reputación ficticia entre la gente crédula. Esa monserga sobre las curaciones jamás la inventaron los médicos sensatos.

Este era un punto en el que Lydgate sufría tanto como Wrench podía desear. Ser publicitado por la ignorancia no solo era humillante, sino peligroso, y no más envidiable que la reputación del profeta del tiempo. Estaba impaciente ante las tontas expectativas en medio de las cuales debe llevarse a cabo todo trabajo, y era muy probable que se perjudicara a sí mismo tanto como el señor Wrench pudiera desear, debido a una franqueza poco profesional.

Sin embargo, Lydgate fue instalado como médico de cabecera de los Vincy, y el acontecimiento fue tema de conversación general en Middlemarch. Unos decían que los Vincy se habían portado de manera escandalosa, que el señor Vincy había amenazado a Wrench y que la señora Vincy lo había acusado de envenenar a su hijo.

404