Sin embargo, como la señorita Brooke se habia enfrascado en una conversacion con el señor Casaubon acerca del clero valdense, sir James se fue con Celia y le habló de su hermana; le habló de una casa en la capital y le preguntó si a la señorita Brooke le desagradaba Londres.
Lejos de su hermana, Celia conversaba con total soltura, y sir James pensó para sus adentros que la segunda de las señoritas Brooke era sin duda muy agradable ademas de bonita, aunque no, como algunos pretendian, mas lista y sensata que la hermana mayor.
Sentia que habia escogido a la que era superior en todos los aspectos; y un hombre, de manera natural, gusta de anticipar que tendria lo mejor. Seria el mayor hipócrita de los solteros aquel que pretendiera no esperarlo.