—Adiós, adiós —resonó desde el muelle.
Mamá agitó su pañuelo. La enfermera agitó el suyo, y Vicky agitó una mano regordeta.
La tripulación del Swallow devolvió el saludo.
—Tres hurras por los que se quedan en casa —exclamó el capitán John.
Aplaudieron.
—Deberíamos cantar «Damas españolas» —dijo Titty. Así que cantaron:
“Adiós y a Dios, hermosas damas españolas, Adiós y a Dios a vosotras, damas de España, Pues tenemos órdenes de zarpar hacia la vieja Inglaterra, Y puede que nunca volvamos a veros, hermosas damas.
“Así que bramaremos y rugiremos, como auténticos marineros británicos, Navegaremos y vagaremos por todos los mares salados, Hasta que hagamos sonda en el canal de la vieja Inglaterra, De Ushant a Scilly hay treinta y cinco leguas”.
—Por supuesto, en realidad vamos en dirección contraria —dijo Susan—, pero no importa.
La Swallow se deslizó lentamente hacia la boca de la bahía. Al principio no hizo ningún ruido y apenas dejó estela. Luego, al quedar libre del lado norte de la bahía, encontró un poco más de viento, y el alegre rumor del oleaje comenzó bajo su proa, mientras su estela se alargaba y burbujeara en su popa.
Darien, el promontorio en el lado sur de la bahía de Holly Howe, era más largo que el promontorio del lado norte. Además, el capitán John no iba