Que aquel que va a Comulgar con Cristo debe prepararse con gran diligencia.
La voz del amado.
Yo soy el Amador de la pureza y el Dador de la santidad. Busco un corazón puro, y «allí está el lugar de mi reposo».
Prepárame «el cenáculo grande, amueblado», y «celebraré la Pascua en tu casa con mis discípulos».
Si quieres que yo vaya a ti y more contigo, «limpia la vieja levadura» y purifica la morada de tu corazón.
Excluye a todo el mundo y a toda la muchedumbre de los pecados; siéntate «como un gorrión solitario sobre el tejado» y piensa en tus transgresiones con la amargura de tu alma.
Porque todo el que ama prepara el mejor y más hermoso lugar para su amado, pues por esto se conoce el afecto de quien hospeda a su amado.
Sabemos, empero, que no puedes hacer suficiente preparación por el mérito de acción alguna tuya, aun cuando te preparases durante todo un año y no tuvieses otra cosa en la mente.
Mas tan solo por Mi ternura y gracia te es permitido acercarte a Mi mesa; como si un mendigo fuese convidado a la cena de un rico, y no tuviese otra recompensa que ofrecerle por los beneficios que le han sido hechos, sino humillarse y darle las gracias.
Haz, pues, cuanto esté de tu parte, y hazlo con diligencia, no por costumbre, ni por necesidad, sino con temor, reverencia y afecto, recibe el Cuerpo de tu amado Señor y Dios, que se digna venir a ti.
Yo soy quien te ha llamado; Yo mandé que se hiciese; Yo supliré lo que te falta; ven y recíbeme.
Cuando te conceda la gracia de la devoción, da gracias a tu Dios; no es porque seas digno, sino porque tuve misericordia de ti.
Si no tienes devoción, sino que más bien te sientes seco, persevera en la oración, no dejes de gemir y de llamar; no ceses hasta que alcances a obtener alguna migaja o gota de gracia salvadora.
Tienes necesidad de Mí, Yo no tengo necesidad de ti. Ni vienes tú a santificarme, sino que Yo vengo a santificarte y a hacerte mejor. Vienes para ser santificado por Mí y unido a Mí; para recibir nueva gracia y encenderte de nuevo en la enmienda de la vida.
Procura no descuidar esta gracia, sino prepara tu corazón con toda diligencia y recibe a tu Amado en ti.
Mas no sólo debes prepararte para la devoción antes de la Comunión, sino que debes guardarte con toda diligencia en ella después de recibir el Sacramente; ni hace falta menor vigilancia después que la devota preparación de antes: porque una buena vigilancia posterior se convierte a su vez en la mejor preparación para alcanzar mayor gracia.
Pues por esto se vuelve el hombre enteramente inepto para el bien, si se aparta inmediatamente de la Comunión para entregarse a las consolaciones exteriores.
- Guárdate de hablar mucho;
- permanece en un lugar secreto y comunícate con tu Dios;
porque le tienes a Él, a quien el mundo entero no te puede quitar. Yo soy Aquel a quien debes entregarte por entero; de modo que ahora ya no vivas enteramente en ti, sino en Mí, libre de toda solicitud.