Contra las lenguas de los detractores.
“Hijo mío, no lo lleves con tristeza en el corazón si alguien piensa mal de ti y dice de ti lo que no quieres oír.
Debes pensar peor de ti mismo y creer que ningún hombre es más débil que tú.
Si andas por dentro, no darás a las palabras que se lleva el viento más valor del que tienen.
No pequeña prudencia es guardar silencio en tiempo malo y volverse hacia Mí por dentro, y no dejarse turbar por el juicio humano.
“No dependa tu paz de la palabra de los hombres; pues, ya juzguen bien o mal de ti, no por eso eres otro hombre distinto de ti mismo.
¿Dónde está la verdadera paz o la verdadera gloria? ¿No está en Mí? Y el que no busca agradar a los hombres, ni teme desagradarles, gozará de abundante paz.
Del amor desordenado y del vano temor nace toda inquietud del corazón y toda distracción de los sentidos”.