Que nuestra paz no ha de ser puesta en los hombres.
“Hijo mío, si pones tu paz en alguna persona por tener de ella alta opinión y por familiaridad, serás inestable y andarás enredado.
Mas si acudes a la Verdad siempre viva y permanente, la deserción o la muerte de un amigo no te entristecerán. En Mí debe subsistir el amor de tu amigo, y por causa Mía ha de ser amado cualquiera que te parezca bueno y te sea muy querido en esta vida.
Sin Mí la amistad no tiene fuerza ni duración, ni es verdadero y puro aquel amor que Yo no uno. Debes estar tan muerto a tales afectos de los amigos amados que, en cuanto de ti dependa, prefieras carecer de toda compañía humana.
- Cuanto más se acerca el hombre a Dios, más se aleja de todo consuelo terrenal.
- Cuanto más desciende también en sí mismo y más vil le parece a sus ojos, más asciende hacia Dios.
“Mas el que se atribuye a sí mismo cualquier cosa buena, impide que la gracia de Dios venga a él, porque la gracia del Espíritu Santo busca siempre el corazón humilde.
Si pudieras hacerte totalmente nada y despojarte del amor de toda criatura, entonces me correspondería a mí desbordarme en ti con gran gracia.
Cuando pones tus ojos en las criaturas, el rostro del Creador se retira de ti. Aprende en todas las cosas a vencerte a ti mismo por amor de tu Creador; entonces podrás alcanzar el conocimiento divino.
Por pequeña que sea cualquier cosa, si es amada y considerada desordenadamente, nos aparta del bien supremo y corrompe.”