Cómo cuando viene la tribulación debemos invocar y bendecir a Dios.
Bendito sea Tu nombre, oh Señor, por los siglos de los siglos, que has querido que esta tentación y tribulación vengan sobre mí. No puedo escapar de ella, mas tengo necesidad de huir hacia Ti, para que me socorras y la conviertas para mí en bien.
Señor, ahora estoy en tribulación, y no me va bien dentro de mi corazón, sino que estoy dolorosamente afligido por el sufrimiento que pesa sobre mí. Y ahora, oh Padre querido, ¿qué diré? Me encuentro atrapado en las redes.
“Sálvame de esta hora; mas para esto he venido a esta hora”, para que Tú seas glorificado cuando esté profundamente humillado y sea librado por Ti.
“Dígate agradarte librarme;” pues, ¿qué puedo hacer yo, que soy pobre, y sin Ti a dónde iré? Dame paciencia también en esta ocasión. Ayúdame, oh Señor Dios mío, y no temeré por mucho que sea agobiado.
Y ahora, en medio de estas cosas, ¿qué diré? Señor, hágase Tu voluntad. Bien merecido tengo ser turbado y agobiado. Por tanto, debo soportar —¡ojalá sea con paciencia!— hasta que pase la tempestad y vuelva el consuelo.
Mas Tu brazo omnipotente puede también apartar de mí esta tentación y disminuir su fuerza para que no caiga del todo bajo ella, así como muchas veces en el pasado me has ayudado, Oh Dios, Dios mío misericordioso. Y por cuanto esta liberación me es difícil a mí, otro tanto te es fácil a Ti, oh diestra del Altísimo.