Que todo cuidado ha de ser puesto sobre Dios.
“Hijo mío, sufrime hacer contigo lo que quiero; yo sé lo que te conviene. Piensas como hombre, en muchas cosas juzgas como te persuade el afecto humano”.
Señor, lo que dices es verdad. Mayor es tu cuidado por mí que todo el cuidado que yo soy capaz de tener por mí mismo.
Pues demasiado inseguramente se mantiene en pie aquel que no confía todo su cuidado en ti.
Señor, mientras mi voluntad permanezca recta y firme en ti, haz conmigo lo que quieras, pues todo lo que hagas conmigo no puede ser otra cosa que bueno.
- Bendito seas si me dejas en la oscuridad:
- bendito seas también si me dejas en la luz.
- Bendito seas si te dignas consolarme,
- y siempre bendito seas si me haces afligir.
“¡Hijo mío! aun así debes mantenerte si deseas caminar Conmigo. Has de estar igualmente dispuesto al sufrimiento o al regocijo. Has de ser pobre y necesitado con tanta buena voluntad como lleno y rico”.
Señor, voluntariamente sufriré por Ti todo aquello que quieras que recaiga sobre mí.
Sin elegir, recibiré de Tu mano lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, el gozo y la tristeza, y Te daré gracias por todas las cosas que me sucedan.
Guárdame de todo pecado, y no temeré ni a la muerte ni al infierno.
Tan solo no me desampares para siempre, ni me borres del libro de la vida. Entonces ninguna tribulación que venga sobre mí podrá hacerme daño.