Que en esta vida no hay seguridad contra la tentación.
—Hijo mío, nunca estás seguro en esta vida, sino que tu armadura espiritual te será siempre necesaria mientras vivas. Habitas entre enemigos, y eres atacado a diestra y siniestra. Si, por tanto, no usas por todas partes el escudo de la paciencia, no permanecerás mucho tiempo sin heridas.
Sobre todo, si no mantienes tu corazón fijo en Mí con firme propósito de sufrirlo todo por mi causa, no podrás soportar la fiereza del ataque, ni alcanzar la victoria de los bienaventurados.
Por tanto, debes luchar valientemente durante toda tu vida, y extender una mano fuerte contra aquellas cosas que se te oponen. Porque al que vence se le da el maná escondido, pero una gran miseria está reservada al perezoso.
«Si buscas el reposo en esta vida, ¿cómo habrás de alcanzar entonces el reposo que es eterno? No te pongas como meta alcanzar mucho reposo, sino mucha paciencia. Busca la verdadera paz, no en la tierra sino en el cielo, no en el hombre ni en ninguna criatura, sino en Dios solamente. Por el amor de Dios debes sufrir voluntariamente todas las cosas, ya sean trabajos o dolores, tentaciones, vejaciones, ansiedades, necesidades, enfermedades, injurias, contradicciones, reprensiones, humillaciones, confusiones, correcciones, desprecios; estas cosas ayudan a la virtud, estas cosas prueban al discípulo de Cristo; estas cosas forjan la corona celestial. Yo te daré un galardón eterno por un breve trabajo, y una gloria infinita por una vergüenza pasajera».
“¿Piestás que siempre has de tener consolaciones espirituales a tu voluntad?
Mis Santos jamás las tuvieron tales, sino que en su lugar sufrieron múltiples dolores, y diversas tentaciones, y pesadas desolaciones. Mas pacientemente se portaron en todo, y confiaron en Dios más que en sí mismos, sabiendo que «los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que ha de manifestarse en nosotros».
¿Quisieras tener inmediatamente aquello que muchos apenas han alcanzado después de muchas lágrimas y duros trabajos? Espera en el Señor, pórtate varonilmente y sé fuerte; no desmayes, ni te apartes de Mí, sino entrega con constancia tu cuerpo y tu alma a la gloria de Dios.
Te recompensaré con abundancia; «estaré contigo en la tribulación»”.