Entonces habló el prudente Telémaco a su vez:
«Que así sea, padre, y, cuando hayas cenado, parte, pero con la mañana ven, y trae selectas víctimas para el sacrificio. El cuidado de todas las cosas aquí corre a cargo de los dioses y de mí».
Habló; sentose de nuevo el porquerizo
en su pulido asiento, y sació su apetito y su sed con pan y vino.
Luego partió hacia sus piaras, y dejó el palacio y el patio ante él atestado de alegres comensales, que entregaban la hora al canto y se unían al baile; pues la tarde ya había llegado.