de vida que es lo suficientemente buena para unos sería lo suficientemente buena para los otros. La comparación de la vida epicúrea con la de las bestias se siente como degradante, precisamente porque los placeres de una bestia no satisfacen las concepciones de felicidad de un ser humano. Los seres humanos poseen facultades más elevadas que los apetitos animales y, una vez que se hacen conscientes de ellas, no consideran como felicidad nada que no incluya su gratificación.
No considero, en verdad, que los epicúreos hayan estado en modo alguno exentos de fallas al deducir su esquema de consecuencias a partir del principio utilitarista.
Para hacer esto de manera suficiente, se requiere incluir muchos elementos estoicos, así como cristianos. Pero no hay ninguna teoría epicúrea de la vida conocida que no le otorgue a los placeres del intelecto, de los sentimientos y la imaginación, y de los sentimientos morales, un valor mucho más alto como placeres que a los de la mera sensación.