—Mister Fix —dijo mister Fogg—, discúlpeme, pero este asunto es mío y solo mío. El coronel me ha vuelto a ofender al insistir en que yo no debía jugar una espada, y tendrá que darme una satisfacción por ello.
—Cuándo y dónde quiera —respondió el estadounidense—, y con el arma que elija.
Aouda in vain attempted to retain Mr. Fogg; as vainly did the detective endeavour to make the quarrel his. Passepartout wished to throw the colonel out of the window, but a sign from his master checked him.
Phileas Fogg left the car, and the American followed him upon the platform. “Sir,” said Mr. Fogg to his adversary, “I am in a great hurry to get back to Europe, and any delay whatever will be greatly to my disadvantage.”
—Bueno, ¿y a mí qué? —replicó el coronel Proctor.
—Caballero —dijo el señor Fogg, muy cortésmente—, tras nuestro encuentro en San Francisco, decidí regresar a América y encontrarle tan pronto como hubiera concluido el asunto que me llamó a Inglaterra.
“¡En verdad!”
«¿Concertaréis una cita para dentro de seis meses?»
“¿Por qué no diez años a partir de ahora?”
—Digo que seis meses —respondió Phileas Fogg—; y estaré en el lugar de la cita puntualmente.
—Todo esto es una evasión —gritó Stamp Proctor—. ¡Ahora o nunca!
—Muy bien. ¿Va a Nueva York?