Delata una corrupción de los instintos —aparte de que delata mal gusto— cuando una mujer se remite a Madame Roland, o a Madame de Stael, o a Monsieur George Sand, como si con ello quedara algo demostrado a favor de “la mujer tal como es”.
Entre los hombres, estas son las tres mujeres cómicas tal como son —¡nada más!— y sencillamente los mejores contraargumentos involuntarios contra la emancipación y la autonomía femeninas.