No tengo la menor duda de que toda mujer noble se opondrá a lo que Dante y Goethe creían acerca de la mujer —el primero cuando cantaba: “ ella guardava suso, ed io in lei ”, y el segundo cuando lo interpretaba: “lo eternamente femenino nos atrae hacia las alturas”—; pues esto mismo es lo que ella cree de lo eternamente masculino.
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