Recuerda que aquello que mueve los hilos es lo que está oculto en el interior: esto es el poder de persuasión, esto es la vida, esto, si así puede decirse, es el hombre.
Al contemplarte a ti mismo, nunca incluyas el recipiente que te rodea y estos instrumentos que están adheridos a él. Pues son semejantes a un hacha, con la única diferencia de que crecen junto al cuerpo. En verdad, no hay mayor utilidad en estas partes sin la causa que las mueve y las detiene que en la lanzadera del tejedor, la pluma del escritor y el látigo del auriga.