coincidencia y azar; y esto procede de uno del mismo tronco, y pariente y socio, que no sabe, sin embargo, qué es lo acorde con su naturaleza. Pero yo lo sé; por esta razón me comporto con él según la ley natural de la fraternidad, con benevolencia y justicia. Al mismo tiempo, sin embargo, en las cosas indiferentes intento averiguar el valor de cada una.
Si trabajas en lo que tienes delante, siguiendo la recta razón con seriedad, con rigor, con calma, sin permitir que ninguna otra cosa te distraiga, sino manteniendo pura tu parte divina, como si estuvieras obligado a devolverla de inmediato; si te aferras a esto, sin esperar nada, sin temer nada, sino satisfecho con tu actividad presente de acuerdo con la naturaleza, y con la verdad heroica en cada palabra y sonido que emites, vivirás feliz.
Y no hay hombre que sea capaz de impedir esto.
Como los médicos tienen siempre a mano sus instrumentos y cuchillos para los casos que exigen súbitamente su arte, así ten tú listos tus principios para comprender las cosas divinas y humanas, y para realizar cada acción, aun la más pequeña, recordando el vínculo que une mutuamente lo divino y lo humano.
Porque ni harás nada bien de lo que atañe al hombre sin referirlo al mismo tiempo a las cosas divinas, ni viceversa.
No vagues ya a la ventura; pues ni vas a leer tus propias memorias, ni las gestas de los antiguos romanos y helenos, ni las selecciones de libros que estabas reservando para tu vejez.
Apresúrate, pues, hacia el fin que tienes por delante, y desterrando las vanas esperanzas, acude en tu propia ayuda, si es que te importas algo a ti mismo, mientras está en tu poder.