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IV

¡Escucha el tañido de las campanas⁠— Campanas de hierro!

¡Qué mundo de solemne pensamiento su monodia impone! En el silencio de la noche, ¡Cómo nos estremecemos de espanto Ante el melancólico significado de su tono! Pues cada sonido que flota Desde la herrumbre en sus gargantas Es un gemido.

Y la gente⁠—ah, la gente⁠— Los que habitan en el campanario, Muy solos, Y que, tañendo, tañendo, tañendo, En ese monótono apagado, Sienten una gloria al hacer rodar así Una piedra sobre el corazón humano⁠— No son ni hombres ni mujeres⁠— No son ni bestias ni humanos⁠— Son Gules: Y es su rey quien tañe; Y hace rodar, rodar, rodar, Rodar ¡Un peán de las campanas! Y su alegre pecho se hincha ¡Con el peán de las campanas! Y danza, y grita; Llevando el tiempo, tiempo, tiempo, En una especie de rima rúnica, Al peán de las campanas⁠— De las campanas: Llevando el tiempo, tiempo, tiempo, En una especie de rima rúnica, Al palpitar de las campanas⁠— De las campanas, campanas, campanas⁠— Al sollozar de las campanas; Llevando el tiempo, tiempo, tiempo, Mientras dobla, dobla, dobla, En una feliz rima rúnica, Al rodar de las campanas⁠— De las campanas, campanas, campanas⁠— Al tañido de las campanas, De las campanas, campanas, campanas, campanas, Campanas, campanas, campanas⁠— Al gemido y al lamento de las campanas.

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