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El durmiente

abrir, mientras los vagos fantasmas envuelvidos en sábanas pasan!

¡Amor mío, duerme! Oh, que su sueño, Así como es eterno, sea profundo; ¡Suavemente se arrastren los gusanos a su alrededor! Allá en el bosque, oscuro y viejo, Para ella se abra quizás una alta cripta— Alguna cripta que a menudo haya lanzado sus negros Y alados paneles revoloteando hacia atrás, Triunfante, sobre los penachos de los féretros, De los grandes funerales de su familia— Algún sepulcro, remoto, solitario, Contra cuya puerta ella haya arrojado, En su infancia, alguna piedra ociosa— Alguna tumba de cuya puerta resonante Ella jamás volverá a forzar un eco, Estremeciéndose al pensar, ¡pobre criatura de pecado! Que eran los muertos quienes gemían adentro.

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