Te vi en el día de tus bodas—
Cuando un rubor ardiente te cubría, Aunque la dicha te rodeaba, Y el mundo entero ante ti era amor:
Y en tu ojo una luz encendida
(fuera la que fuese)
fue todo cuanto en la Tierra mi dolorida vista
de Hermosura pudo ver.
Ese rubor, tal vez, fue vergüenza de doncella— Como tal bien puede pasar— Aunque su brillo haya encendido una llama más fiera ¡En el pecho de él, ay!
¿Quién te vio en aquel día nupcial,
Cuando ese profundo rubor acudía a ti,
Aunque la felicidad te rodeaba,
Y el mundo entero era amor ante tus ojos.