De lo que en otros mundos ha de ser—y dado En hermosura por nuestro Dios, tan sólo A aquellos que del cielo y de la vida Cayeran si no fuese por el ansia De su propio corazón, y ese tono, Ese alto tono del espíritu que ha luchado Aunque no con la Fe—con la piedad—cuyo trono Con desesperada energía ha derribado; Llevando su propio hondo sentimiento cual corona.
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