decía, * Y la única palabra allí dicha fue la susurrada palabra: «¡Lenore!». Esto susurré, y un eco devolvió en un murmullo la palabra: «¡Lenore!». > Tan solo esto
Volviendo a entrar en la cámara, con toda el alma ardiendo en mi interior, Pronto volví a oír un golpeteo, algo más fuerte que antes. «Sin duda —dije—, sin duda es algo en la celosía de mi ventana; Déjame ver, pues, qué es eso, y este misterio explorar — Dejad que mi corazón se calme un momento y este misterio explorar—; Es el viento y nada más».
Abrí entonces la persiana, y con breve y huraña gana, Entró un Cuervo de otros tiempos, de hidalga era anterior; Ni un saludo dio el violento; ni un segundo paró atento; Mas, con gesto de lamento, sobre el vano se posó— Sobre un busto de Palas que sobre el vano se posó— Se posó, y en paz quedó.
Luego este pájaro de ébano induciendo a mi triste fantasía a sonreír, por la gravedad y la severa decoro del semblante que llevaba, «Aunque tu crestas estén cortadas y rapadas, tú», dije, «no eres cobarde, macabro, sombrío y antiguo Cuervo que vagó de la ribera Nocturna — ¡ dime cuál es tu nombre señorial en la ribera plutoniana de la Noche!».
Dijo el Cuervo: «Nunca más».
Mucho me asombró escuchar a este desgarbado pájaro hablar con tanta claridad,
Aunque su respuesta poco sentido —poco significado tuviera; Pues no podemos dejar de convenir en que ningún ser humano vivo Ha tenido jamás la dicha de ver un pájaro sobre la puerta de su cuarto— Pájaro o bestia sobre el busto esculpido sobre la puerta de su cuarto, Con un nombre semejante a «Nunca más».