¡Gracias al Cielo! la crisis—
El peligro pasó, Y la larga dolencia Por fin terminó— Y la fiebre llamada «Vivir» Por fin se venció.
Tristemente, lo sé, despojado estoy de mi fuerza, Y ningún músculo muevo Mientras yazco a lo largo— ¡Pero no importa!—siento que estoy mejor a lo largo.
Y reposo tan plácidamente, Ahora en mi lecho, Que cualquier espectador Podría creerme muerto— Podría sobresaltarse al contemplarme, Pensando que estoy muerto.
Los gemidos y quejas, Los suspiros y sollozos, Ya se han callado, Con ese horrible latido En el pecho:—¡ay, ese horrible, Horrible latido!
La dolencia—la náusea— El dolor sin piedad— Han cesado, con la fiebre Que enloquecía mi cerebro— Con la fiebre llamada «Vivir» Que ardía en mi cerebro.
¡Y oh! de todas las torturas Que más torturan ha menguado— La terrible tortura de la sed, Por el río de nafta de la Pasión maldita:— He bebido de un agua Que toda sed apacigua:—
De un agua que corre, Con sonido de cuna, Desde un manantial a muy pocos Pies bajo tierra — Desde una caverna no muy lejos Abajo en la tierra.
Y ¡ah!, que jamás Se diga con necedad Que es sombría mi estancia Y angosta mi cama— Pues jamás hombre alguno durmió En un lecho distinto; Y, para dormir, hay que reposar Precisamente en tal cama.