dejar de guiarnos bien, ya que parpadea hacia el Cielo a través de la noche».
Así aplacé a Psiquis y la besé, Y la alejé de su pesadumbre— Y vencí sus escrúpulos y pesadumbre; Y fuimos al final de la alameda, Mas nos detuvo la puerta de una tumba— Ante la puerta de una tumba con leyendas; Y dije: «¿Qué está escrito, dulce hermana, En la puerta de esta tumba con leyendas?». Ella replicó: «¡Ulalume—Ulalume— Es la bóveda de tu perdida Ulalume!».
Entonces mi corazón se volvió ceniciento y sobrio Como las hojas que estaban crujientes y marchitas— Como las hojas que estaban marchitándose y secas; Y clamé: «Fue sin duda en octubre En esta misma noche del año pasado, Que viajé—que viajé hasta aquí— Que traje una carga temible hasta aquí! En esta noche de todas las noches del año, Ah, ¿qué demonio me ha tentado aquí? Bien lo sé, ahora, este sombrío lago de Auber— Esta brumosa región central de Weir— Bien lo sé, ahora, este húmedo cenagal de Auber— Este bosque embrujado por gules de Weir».