Y el Cuervo, nunca aleteando, aun sigue sentado, aun sigue sentado en el pálido busto de Palas, justo sobre la puerta de mi cuarto; y sus ojos tienen toda la apariencia de los de un demonio que está soñando, y la luz de la lámpara que sobre él se derrama proyecta su sombra en el suelo; ¡y mi alma, desde esa sombra que flota en el suelo, se alzará... nunca más!
Table of Contents
El Cuervo
90