Los cielos eran cenicientos y sombríos; Las hojas crujían y estaban marchitas — Las hojas se secaban y estaban marchitas; Era de noche en el solitario octubre De mi año más inmemorial; Fue junto al tenue lago de Auber, En la brumosa región central de Weir— Fue junto al húmedo cenagal de Auber, En el bosque embrujado por gules de Weir.
Por aquí una vez, por un callejón Titánico, de cipreses, vagué con mi Alma — de cipreses, con Psique, mi Alma.
Eran días en que mi corazón era volcánico como los ríos de escoria que fluyen — como las lavas que fluyen inquietas con sus corrientes sulfurosas por Yaanek en los climas lejanos del polo — que gimen al fluir por el monte Yaanek en los reinos del polo boreal.
Nuestra charla fue seria y sombría, Mas nuestros pensamientos marchitos y yertos eran— Nuestros recuerdos eran traidores y yertos— Pues no sabíamos que era octubre el mes, Y no reparamos en la noche del año— (¡Ay, noche de todas las noches del año!) No reparamos en el sombrío lago de Auber— (Aunque una vez habíamos viajado hasta aquí)— No recordábamos el húmedo cenagal de Auber, Ni el bosque embrujado por gules de Weir.
Y ahora, mientras la noche envejecía y los cuadrantes estelares señalaban la aurora — mientras los relojes de sol insinuaban la aurora— al final de nuestro camino un brillo licuado y nebuloso nació, de entre el cual un crescente milagroso surgió con un cuerno duplicado — el crescente tachonado de diamantes de Astarté, distinto con su cuerno duplicado.
Y dije: «Es más cálida que Diana: Ella rueda por un éter de suspiros— Se deleita en una región de suspiros: Ella ha visto que las lágrimas no están