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Los cenadores donde, en sueños, veo

“Los vergeles que en sueños veo”

Los sotos donde, en sueños, veo a las aves más libres cantar, son labios⁠—y toda tu melodía de palabras nacidas de labios⁠—

Tus ojos, en el cielo del corazón consagrados, Caen luego desoladamente, ¡Oh Dios!, sobre mi mente fúnebre Como la luz de las estrellas sobre un féretro⁠—

Tu corazón⁠— ¡tu corazón!⁠— desvelo y suspiro, Y duermo para soñar hasta el día Con la verdad que el oro jamás puede comprar⁠— Con las fruslerías que sí.

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