que la separación de dos jóvenes cuyo afecto apenas podía haber germinado en unas pocas semanas no podría compararse en absoluto. Pero confío en estar a salvo en el futuro de la severidad de esa culpa que anoche se prodigó con tanta liberalidad respecto a cada circunstancia, una vez que haya leído la siguiente exposición de mis actos y de sus motivos. Si, en la explicación de estos que me debo a mí mismo, me veo en la necesidad de relatar sentimientos que puedan resultar ofensivos para los suyos, solo puedo decir que lo siento. Hay que obedecer a la necesidad, y una disculpa mayor sería absurda. No llevaba mucho tiempo en Hertfordshire cuando vi, al igual que los demás, que Bingley prefería a su hermana mayor a cualquier otra joven del condado. Pero no fue hasta la noche del baile en Netherfield cuando tuve la menor sospecha de que abrigaba un afecto sincero. Le había visto enamorado muchas veces antes. En aquel baile, mientras tuve el honor de bailar con usted, supe por primera vez, gracias a la información casual de sir William Lucas, que las atenciones de Bingley hacia su hermana habían dado lugar a la expectativa general de su matrimonio. Habló de ello como de un acontecimiento seguro, en el que solo faltaba por decidir el momento. Desde ese instante observé con atención el comportamiento de mi amigo; y pude advertir entonces que su parcialidad hacia la señorita Bennet superaba todo cuanto le había presenciado jamás. También vigilé a su hermana. Su mirada y sus maneras se mostraban abiertas, alegres y entrañables como siempre, pero sin ningún síntoma de afecto particular, y el examen de aquella noche me dejó convencido de que, aunque ella recibía sus atenciones con agrado, no las alentaba con ninguna reciprocidad de sentimientos. Si usted no
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Capítulo XXXV
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