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nydus/Pride and PrejudicePublic
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Capítulo XLVI

antes de haber intercambiado dos palabras, nada puede decirse en su defensa, excepto que ella ya había hecho una prueba del segundo método en su parcialidad por Wickham, y que su mal resultado tal vez pudiera autorizarla a buscar el otro modo, menos interesante, de apego. Sea como fuere, lo vio partir con pesar; y en este temprano ejemplo de lo que la infamia de Lydia debía producir, halló un dolor adicional al reflexionar sobre aquel mísero asunto.

Nunca, desde que leyera la segunda carta de Jane, había abrigado la esperanza de que Wickham tuviera la intención de casarse con ella. Nadie más que Jane, pensaba, podía hacerse ilusiones con semejante expectativa.

La sorpresa fue el menor de sus sentimientos ante tal acontecimiento. Mientras el contenido de la primera carta había permanecido en su mente, todo era sorpresa en ella: todo asombro de que Wickham se casara con una muchacha con la cual era imposible que se casara por dinero; y cómo Lydia había podido atraerlo jamás, le había parecido incomprensible.

Pero ahora todo resultaba de lo más natural. Para un vínculo como aquel, ella podía tener los encantos suficientes; y aunque no suponía que Lydia estuviera urdiendo deliberadamente una fuga sin la intención de casarse, no le costaba en absoluto creer que ni su virtud ni su juicio la salverían de caer fácilmente en la trampa.

Jamás había advertido, mientras el regimiento estuvo en Hertfordshire, que Lydia tuviese alguna parcialidad hacia él, pero estaba convencida de que a Lydia solo le había faltado estímulo para encapricharse de cualquiera. A veces un oficial, a veces otro había sido su favorito, según las atenciones de estos la elevaban en su opinión. Sus afectos habían estado fluctuando continuamente, pero nunca sin un blanco.

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