—¿Qué significa? —pensó, y lo examinó atentamente a la luz de una vela. Insignificante al principio, se fue volviendo amenazante, aborrecible, cargado de presagios funestos.
La invadió el impulso de destruirlo, pero afortunadamente recordó que no tenía derecho a hacerlo, ya que debía de ser propiedad del joven señor Emerson.
De modo que lo desprendió con cuidado y lo metió entre dos hojas de secante para conservárselo limpio. Luego completó su inspección de la habitación, suspiró profundamente según su costumbre y se fue a la cama.