CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/A Room With a ViewPublic
EspañolEnglish
Página 25 de 309
Table of Contents

En Santa Croce sin Baedeker

En Santa Croce sin Baedeker

Era placentero despertarse en Florencia, abrir los ojos a una habitación luminosa y desprovista de adornos, con un suelo de baldosas rojas que parecen limpias aunque no lo estén; con un techo pintado en el que grifos rosados y amorcillos azules se divierten en un bosque de violines y fagotes amarillos.

Era placentero también abrir de par en par las ventanas, pellizcándose los dedos con unos cierres desconocidos, asomarse al sol con hermosas colinas, árboles e iglesias de mármol enfrente y, muy abajo, el Arno, gorgoteando contra el terraplén de la carretera.

Al otro lado del río unos hombres trabajaban con palas y cedazos en la playa arenosa, y en el río había un barco, también ocupado diligentemente en algún misterioso fin. Un tranvía eléctrico pasó zumbando bajo la ventana. No iba nadie dentro, salvo un turista; pero sus plataformas iban desbordadas de italianos, que preferían ir de pie. Los niños intentaban colgarse de la parte trasera, y el conductor, sin malicia, les escupía en la cara para que soltaran. Luego aparecieron soldados —hombres apuestos, de pequeña estatura—, cada uno con una mochila cubierta de pelo sarnoso y un chaquetón que había sido cortado para un soldado más grande. A su lado caminaban oficiales, con aire tonto y fiero, y delante de ellos iban niños pequeños, dando volteretas al compás de la banda.

25