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nydus/An Essay Concerning Humane Understanding, Volume 1Public
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CAPÍTULO XXVII. DE LA IDENTIDAD Y LA DIVERSIDAD.

  1. En qué consiste la Identidad.

OTRA ocasión en que la mente suele comparar es la existencia misma de las cosas, cuando, considerando CUALQUIER COSA COMO EXISTENTE EN UN TIEMPO Y LUGAR DETERMINADOS, la comparamos con SÍ MISMA EXISTENTE EN OTRO TIEMPO, y a partir de ahí formamos las ideas de IDENTIDAD y DIVERSIDAD.

Cuando vemos que algo se encuentra en algún lugar en cualquier instante del tiempo, estamos seguros (sea lo que fuere) de que es esa misma cosa, y no otra que en ese mismo tiempo exista en otro lugar, por muy semejante e indistinguible que sea en todos los demás aspectos; y en esto consiste la IDENTIDAD, cuando las ideas a las que se atribuye no varían en absoluto de lo que eran en aquel momento en que consideramos su existencia anterior, y con el cual comparamos la presente.

Pues como nunca hallamos, ni concebimos posible, que dos cosas de la misma especie existan en el mismo lugar al mismo tiempo, concluimos con razón que todo lo que existe en cualquier lugar en cualquier tiempo excluye a todos los de su misma especie, y está allí él solo por sí mismo.

Cuando, por tanto, preguntamos si algo es LO MISMO o no, ello se refiere siempre a algo que existió en tal tiempo en tal lugar, del cual era seguro, en aquel instante, que era el mismo que sí mismo, y no otro.

De donde se sigue que una sola cosa no puede tener dos principios de existencia, ni dos cosas un solo principio; siendo imposible que dos cosas de la misma especie sean o existan en el mismo instante, en un mismo y idéntico lugar; o que una y la misma cosa esté en lugares diferentes.

Aquello, por tanto, que tuvo un solo principio, es la misma cosa; y aquello que tuvo un principio diferente en tiempo y lugar de aquel, no es lo mismo, sino diverso.

Lo que ha causado la dificultad acerca de esta relación ha sido el poco cuidado y atención empleados en tener nociones precisas de las cosas a las que se atribuye.

  1. Identidad de las Sustancias.

Tenemos las ideas de tres clases de sustancias: 1. DIOS. 2. INTELIGENCIAS FINITAS. 3. CUERPOS.

Primero, DIOS no tiene principio, es eterno, inalterable y está en todas partes, y por lo tanto acerca de su identidad no puede haber duda.

En segundo lugar, habiendo tenido los ESPÍRitus FINITOS cada uno su tiempo y lugar determinados de principio de existencia, la relación con ese tiempo y lugar determinará siempre para cada uno de ellos su identidad, mientras exista.

En tercer lugar, Lo mismo se mantendrá respecto a cada PARTÍCULA DE MATERIA, a la cual, sin hacérsele adición ni sustracción de materia, le pertenece lo mismo.

Porque, aunque estas tres clases de sustancias, como las llamamos, no se excluyen mutuamente del mismo lugar, sin embargo, no podemos concebir sino que deben necesariamente excluir cada una a cualquier otra de su misma especie del mismo lugar: o de lo contrario las nociones y los nombres de identidad y diversidad serían en vano, y no podría haber tales distinciones de sustancias, ni de ninguna otra cosa entre sí.

Por ejemplo: si dos cuerpos pudieran estar en el mismo lugar al mismo tiempo, entonces esas dos porciones de materia habrían de ser una y la misma, ya se las considere grandes o pequeñas; es más, todos los cuerpos habrían de ser uno y el mismo. Pues, por la misma razón que dos partículas de materia pueden estar en un lugar, todos los cuerpos pueden estar en un lugar; lo cual, cuando puede suponerse, anula la distinción de identidad y diversidad de uno y más, y la vuelve ridícula.

Pero siendo una contradicción que dos o más sean uno, la identidad y la diversidad son relaciones y modos de comparar bien fundamentados, y de utilidad para el entendimiento.

  1. Identidad de modos y relaciones.

Siendo todas las demás cosas meros modos o relaciones que en última instancia terminan en sustancias, la identidad y diversidad de cada existencia particular de ellas quedará también determinada del mismo modo: solo que, en cuanto a las cosas cuya existencia es sucesiva, tales como las acciones de los seres finitos, v. g., el MOVIMIENTO y el PENSAMIENTO, los cuales consisten ambos en una continua serie de sucesión, acerca de SU diversidad no puede haber duda alguna; porque, pereciendo cada uno en el momento en que comienza, no pueden existir en tiempos diferentes, ni en lugares diferentes, como los seres permanentes pueden existir en tiempos diferentes en lugares distantes; y por tanto ningún movimiento o pensamiento, considerado en tiempos diferentes, puede ser el mismo, teniendo cada parte de él un comienzo de existencia diferente.

  1. Principium Individuationis.

De lo que se ha dicho es fácil descubrir aquello por lo que tanto se pregunta, el PRINCIPIUM INDIVIDUATIONIS; y esto, es evidente, es la existencia misma, la cual determina a un ser de cualquier clase a un tiempo y lugar particulares, incomunicables a dos seres de la misma especie.

Esto, aunque parece más fácil de concebir en las sustancias simples o en los modos; sin embargo, al meditarlo, no es más difícil en las compuestas, si se tiene cuidado a qué se aplica: v.g., supongamos un átomo, es decir, un cuerpo continuo bajo una superficie invariable, que existe en un tiempo y lugar determinados; es evidente que, considerado en cualquier instante de su existencia, es en ese instante el mismo que sí mismo. Pues, siendo en ese instante lo que es, y nada más, es el mismo, y así debe continuar mientras su existencia continúe; porque durante ese tiempo será el mismo, y ningún otro.

De igual manera, si dos o más átomos se unen formando una misma masa, cada uno de esos átomos será el mismo, según la regla anterior; y mientras existan unidos, la masa, que consta de los mismos átomos, debe ser la misma masa, o el mismo cuerpo, por muy revueltas que estén sus partes. Pero si uno de estos átomos es retirado, o se añade uno nuevo, ya no es la misma masa ni el mismo cuerpo.

En el estado de las criaturas vivas, su identidad no depende de una masa de las mismas partículas, sino de otra cosa. Pues en ellas la variación de grandes porciones de materia no altera la identidad: un roble que crece desde una planta hasta convertirse en un gran árbol, y que luego es podado, sigue siendo el mismo roble; y un potro que crece hasta ser caballo, a veces gordo, a veces flaco, es durante todo ese tiempo el mismo caballo: aunque, en ambos casos, pueda haber un cambio manifiesto en las partes; de modo que, en verdad, ninguno de ellos es la misma masa de materia, aunque verdaderamente uno de ellos sea el mismo roble, y el otro el mismo caballo.

La razón de esto es que, en estos dos casos —una MASA DE MATERIA y un CUERPO VIVO—, la identidad no se aplica a la misma cosa.

  1. Identidad de los vegetales.

Debemos, por tanto, considerar en qué se diferencia un roble de una masa de materia, y esto me parece consistir en que la otra es únicamente la cohesión de partículas de materia unidas de cualquier modo, mientras que la una es tal disposición de ellas como para constituir las partes de un roble; y tal organización de esas partes que es apta para recibir y distribuir alimento, de modo que continúe y forme la madera, la corteza, las hojas, etc., de un roble, en lo cual consiste la vida vegetal.

Siendo, pues, una planta aquella que tiene tal organización de partes en un cuerpo coherente, que participa de una vida común, continúa siendo la misma planta en tanto en cuanto participa de esa vida, aunque dicha vida sea comunicada a nuevas partículas de materia unidas vitalmente a la planta viva, en una organización continuada y semejante conforme a esa clase de plantas.

Pues esta organización, hallándose en cualquier instante dado en cualquier colección de materia, se distingue en ese concreto particular de todas las demás, y ES esa vida individual que, existiendo constantemente desde ese momento tanto hacia adelante como hacia atrás, en la misma continuidad de partes que se suceden insensiblemente unidas al cuerpo vivo de la planta, posee esa identidad que hace que sea la misma planta, y que todas las partes de ella sean partes de la misma planta, durante todo el tiempo que existan unidas en esa organización continuada, la cual es apta para transmitir esa vida común a todas las partes así unidas.

  1. Identidad de los Animales.

No es tan diferente el caso en los BRUTOS, sino que cualquiera puede ver por ello qué es lo que hace a un animal y lo continúa siendo el mismo. Algo semejante tenemos en las máquinas, y puede servir para ilustrarlo.

Por ejemplo, ¿qué es un reloj? Es evidente que no es más que una adecuada organización o construcción de piezas con un fin determinado, el cual, cuando se le añade una fuerza suficiente, es capaz de alcanzar.

Si supiéramos suponer esta máquina como un cuerpo continuo, todas cuyas partes organizadas fueran reparadas, aumentadas o disminuidas por una constante adición o separación de partes insensibles, con una vida común, tendríamos algo muy parecido al cuerpo de un animal; con esta diferencia: que, en un animal, la idoneidad de la organización y el movimiento en que consiste la vida comienzan al unísono, proviniendo el movimiento desde el interior; pero en las máquinas la fuerza, que proviene perceptiblemente del exterior, a menudo está ausente cuando el órgano está en orden y bien preparado para recibirla.

  1. La identidad del hombre.

Esto también muestra en qué consiste la identidad del mismo HOMBRE; a saber, en nada más que en la participación de la misma vida continua, mediante partículas de materia constantemente fugaces, unidas vitalmente de manera sucesiva al mismo cuerpo organizado.

Quien sitúe la identidad del hombre en cualquier otra cosa que no sea, al igual que la de los otros animales, en un cuerpo adecuadamente organizado, tomado en un instante cualquiera y continuado a partir de ahí, bajo una misma organización de vida, en varias partículas de materia sucesivamente fugaces unidas a él, tendrá dificultades para lograr que un embrión, alguien de avanzada edad, un loco y un hombre cuerdo sean el MISMO hombre, mediante cualquier suposición que no haga posible que Set, Ismael, Sócrates, Pilato, san Agustín y César Borgia sean el mismo hombre.

Porque si la identidad del ALMA SOLA hace al mismo HOMBRE; y no hay nada en la naturaleza de la materia por lo cual el mismo espíritu individual no pueda estar unido a diferentes cuerpos, será posible que aquellos hombres, que vivieron en edades distantes y de diferentes temperamentos, hayan sido el mismo hombre: modo de hablar que debe provenir de un uso muy extrañado de la palabra hombre, aplicada a una idea de la cual el cuerpo y la forma están excluidos.

Y ese modo de hablar concordaría aún peor con las nociones de aquellos filósofos que admiten la transmigración y son de la opinión de que las almas de los hombres pueden, por sus faltas, ser precipitadas en los cuerpos de las bestias, como moradas idóneas con órganos adecuados para la satisfacción de sus inclinaciones brutales. Y, sin embargo, pienso que nadie, aunque estuviera seguro de que el ALMA de Heliogábalo se encontraba en uno de sus cerdos, diría que ese cerdo es un HOMBRE o Heliogábalo.

  1. Idea de Identidad adecuada a la Idea a la que se aplica.

No es por tanto la unidad de sustancia la que abarca toda clase de identidad, ni la determinará en cada caso; sino que para concebirla y juzgarla rectamente, debemos considerar qué idea representa la palabra a la que se aplica: siendo una cosa ser la misma SUSTANCIA, otra el mismo HOMBRE, y una tercera la misma PERSONA, si PERSONA, HOMBRE y SUSTANCIA son tres nombres que representan tres ideas diferentes; pues tal como es la idea perteneciente a ese nombre, tal debe ser la identidad; lo cual, de haberse atendido un poco más cuidadosamente, habría evitado posiblemente gran parte de esa confusión que a menudo se presenta acerca de este asunto, con no pequeñas dificultades aparentes, especialmente en lo tocante a la identidad PERSONAL, la cual, por tanto, consideraremos un poco a continuación.

  1. El mismo hombre.

Un animal es un cuerpo organizado viviente; y por consiguiente el mismo animal, como hemos observado, es la misma VIDA continuada comunicada a diferentes partículas de materia, según estas se van uniendo sucesivamente a ese cuerpo organizado viviente.

Y por mucho que se hable de otras definiciones, la observación ingeniosa pone fuera de duda que la idea en nuestras mentes, de la cual la palabra hombre en nuestras bocas es el signo, no es otra cosa que la de un animal de cierta forma determinada.

Puesto que creo poder afirmar con seguridad que cualquiera que viese una criatura de su misma figura o conformación, aunque no tuviera en toda su vida más razón que un gato o un loro, seguiría llamándolo HOMBRE; o cualquiera que oyera a un gato o a un loro disertar, razonar y filosofar, no lo llamaría o pensaría sino como un GATO o un LORO; y diría que el primero era un hombre torpe e irracional, y el segundo, un loro muy inteligente y racional.

  1. Same man.

Pues supongo que no es la sola idea de un ser pensante o racional lo que constituye la IDEA DE HOMBRE en el sentido de la mayoría de las personas: sino la de un cuerpo, con tal o cual forma, unido a ella; y si esa es la idea de hombre, el mismo cuerpo sucesivo, no cambiado de golpe, debe concurrir, junto con el mismo espíritu inmaterial, a la formación del mismo hombre.

  1. Identidad personal.

Esto presupuesto, para hallar en qué consiste la identidad personal, debemos considerar qué representa la PERSONA; —que es, según pienso, un ser pensante e inteligente, que tiene razón y reflexión, y puede considerarse a sí mismo como sí mismo, la misma cosa pensante, en diferentes tiempos y lugares; lo cual hace únicamente mediante esa conciencia que es inseparable del pensamiento y, según me parece, esencial a él: siendo imposible para cualquiera percibir sin PERCIBIR que percibe.

Cuando vemos, oímos, olemos, gustamos, sentimos, meditamos o deseamos cualquier cosa, sabemos que lo hacemos. Así ocurre siempre con nuestras sensaciones y percepciones presentes: y por esto cada uno es para sí mismo aquello que llama YO: —no considerándose, en este caso, si ese mismo yo continúa en la misma o en diversas sustancias.

Pues, puesto que la conciencia siempre acompaña al pensamiento, y es ella la que hace que cada uno sea lo que llama yo, y mediante esto se distingue de todas las demás cosas pensantes, en esto solo consiste la identidad personal, es decir, la mismidad de un ser racional; y hasta donde esta conciencia pueda extenderse hacia atrás a cualquier acción o pensamiento pasado, hasta ahí alcanza la identidad de esa persona; es el mismo yo ahora que era entonces; y es por el mismo yo que este presente y ahora reflexiona sobre ello, por el que aquella acción fue realizada.

  1. La conciencia hace la identidad personal.

Pero se indaga además si es la misma sustancia idéntica. Pocos pensarían que tienen razón para dudar de esto si estas percepciones, junto con su conciencia, permanecieran siempre presentes en la mente, mediante lo cual la misma cosa pensante estaría siempre presente de manera consciente y, como se pensaría, evidentemente idéntica a sí misma.

Pero lo que parece plantear la dificultad es esto: dado que esta conciencia es interrumpida constantemente por el olvido —sin que haya un solo momento en nuestras vidas en el que tengamos ante los ojos toda la serie de nuestras acciones pasadas en una sola visión, sino que incluso las mejores memorias pierden de vista una parte mientras contemplan otra—, y dado que a veces, y durante la mayor parte de nuestras vidas, no reflexionamos sobre nuestro yo pasado por estar atentos a nuestros pensamientos presentes, y en el sueño profundo no tenemos ningún pensamiento en absoluto, o al menos ninguno con esa conciencia que caracteriza a nuestros pensamientos de vigilia; digo que, en todos estos casos, al interrumpirse nuestra conciencia y perder de vista nuestro yo pasado, surgen dudas sobre si somos la misma cosa pensante, es decir, la misma SUSTANCIA o no.

Esto, sin embargo, sea razonable o irrazonable, no concierne en absoluto a la identidad PERSONAL. La cuestión es qué hace que sea la misma persona, y no si se trata de la misma sustancia idéntica que siempre piensa en la misma persona, lo cual, en este caso, no importa en absoluto; pues diferentes sustancias, mediante la misma conciencia (cuando participan de ella), se unen en una sola persona, del mismo modo que diferentes cuerpos mediante la misma vida se unen en un solo animal, cuya identidad se conserva en medio de ese cambio de sustancias por la unidad de una vida continuada.

Pues bien, dado que es la misma conciencia la que hace que un hombre sea sí mismo para sí mismo, la identidad personal depende únicamente de eso, ya sea que esté anexa exclusivamente a una sustancia individual o que pueda continuarse en una sucesión de varias sustancias. Pues en la medida en que cualquier ser inteligente PUEDE repetir la idea de cualquier acción pasada con la misma conciencia que tuvo de ella al principio, y con la misma conciencia que tiene de cualquier acción presente, en esa misma medida es el mismo yo personal.

Pues es mediante la conciencia que tiene de sus pensamientos y acciones presentes como es SÍ MISMO PARA SÍ MISMO ahora, y así será el mismo yo en la medida en que la misma conciencia pueda extenderse a acciones pasadas o futuras; y, debido a la distancia en el tiempo o al cambio de sustancia, no sería más dos personas que un hombre que fuera dos hombres por llevar hoy otra ropa distinta a la que llevaba ayer, con un sueño largo o corto de por medio: la misma conciencia une esas acciones distantes en la misma persona, cualesquiera que sean las sustancias que hayan contribuido a su producción.

  1. Identidad personal en el cambio de sustancia.

De que esto es así, tenemos una especie de evidencia en nuestros propios cuerpos, cuyas partículas todas, mientras están vitalmente unidas a ese mismo yo pensante y consciente, de modo que SENTIMOS cuando son tocadas, y somos afectados por el bien o el mal que les sucede y conscientes de ello, son una parte de nosotros mismos; es decir, de nuestro yo pensante y consciente.

Así, los miembros de su cuerpo son para cada cual una parte de sí mismo; él se compadece de ellos y se preocupa por ellos. Córtese una mano y sepárese así de esa consciencia que se tenía de su calor, frío y otras afecciones, y dejará de ser entonces una parte de aquello que es él mismo, ni más ni menos que la parte más remota de la materia.

Así, vemos que la SUSTANCIA de la que consistía el yo personal en un momento dado puede variar en otro, sin que cambie la identidad personal; no habiendo duda alguna sobre la misma persona, aunque los miembros que hace poco eran parte de ella hayan sido cortados.

  1. Personalidad en el Cambio de Sustancia.

But the question is, Whether if the same substance which thinks be changed, it can be the same person; or, remaining the same, it can be different persons?

Y a esto respondo:

  • Primero, Esto no puede ser cuestión en absoluto para aquellos que sitúan el pensamiento en una constitución animal puramente material, desprovista de una sustancia inmaterial.

Pues, sea suposición suya verdadera o no, es evidente que conciben la identidad personal preservada en algo distinto de la identidad de sustancia; así como la identidad animal se preserva en la identidad de vida, y no de sustancia.

Y por tanto aquellos que sitúan el pensar únicamente en una sustancia inmaterial, antes de poder habérselas con estos hombres, deben demostrar por qué la identidad personal no puede preservarse en el cambio de sustancias inmateriales, o en la variedad de sustancias inmateriales particulares, del mismo modo que la identidad animal se preserva en el cambio de sustancias materiales, o en la variedad de cuerpos particulares: a menos que quieran afirmar que es un único espíritu inmaterial el que produce la misma vida en los animales, así como es un único espíritu inmaterial el que produce la misma persona en los hombres; cosa que los cartesianos al menos no admitirán, por miedo a hacer también de los animales seres pensantes.

  1. Si en las sustancias pensantes puede haber una sola Persona.

Pero a continuación, en cuanto a la primera parte de la pregunta: Si, al cambiar la misma sustancia pensante (suponiendo que solo las sustancias inmateriales piensan), ¿puede ser la misma persona?

Respondo que eso no puede ser resuelto sino por aquellos que saben qué clase de sustancias son las que piensan; y si la conciencia de las acciones pasadas puede ser transferida de una sustancia pensante a otra. Concedo que, si la misma conciencia fuera la misma acción individual, no podría ser así; pero siendo una representación presente de una acción pasada, el porqué no pueda ser posible que se le presente a la mente como habiendo sido lo que en realidad nunca fue, es algo que queda por demostrar.

Y por lo tanto, hasta qué punto la conciencia de las acciones pasadas está aneja a cualquier agente individual, de modo que otro no pueda tenerla posiblemente, nos será difícil de determinar hasta que sepamos qué clase de acción es esa que no puede realizarse sin un acto reflejo de percepción que la acompañe, y cómo es llevada a cabo por sustancias pensantes, que no pueden pensar sin ser conscientes de ello.

Pero como aquello que llamamos la misma conciencia no es el mismo acto individual, por qué a una sustancia intelectual no se le puede representar, como hecho por ella misma, lo que ELLA nunca hizo, y fue tal vez hecho por algún otro agente —por qué, digo, tal representación no podría ser posiblemente sin la realidad de los hechos materiales, así como varias representaciones en los sueños lo son, las cuales, sin embargo, mientras soñamos tomamos por verdaderas— será difícil de concluir a partir de la naturaleza de las cosas.

Y que esto nunca sea así, hasta que tengamos visiones más claras de la naturaleza de las sustancias pensantes, lo mejor para nosotros será atribuirlo a la bondad de Dios; quien, en la medida en que la felicidad o la miseria de cualquiera de sus criaturas sensibles esté involucrada en ello, no transferirá de uno a otro, por un error fatal de estas, esa conciencia que acarrea consigo recompensa o castigo.

Hasta qué punto esto puede ser un argumento en contra de aquellos que situarían el pensamiento en un sistema de espíritus animales huidizos, lo dejo a la consideración de cada cual.

Sin embargo, para volver a la pregunta que tenemos ante nosotros, debe admitirse que, si la misma conciencia (la cual, como se ha demostrado, es algo completamente diferente de la misma figura numérica o del mismo movimiento en el cuerpo) puede ser transferida de una sustancia pensante a otra, será posible que dos sustancias pensantes formen una sola persona. Pues al conservarse la misma conciencia, ya sea en la misma sustancia o en sustancias diferentes, se conserva la identidad personal.

  1. Si, permaneciendo la misma Sustancia inmaterial, puede haber dos Personas.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta: Si, permaneciendo la misma sustancia inmaterial, puede haber dos personas distintas; la cual pregunta me parece fundada en esto: Si el mismo ser inmaterial, aun siendo consciente de la acción de su duración pasada, puede despojarse por completo de toda la conciencia de su existencia pasada y perderla más allá de la posibilidad de recuperarla jamás; y así, por decirlo así, empezando una nueva cuenta desde un nuevo período, tener una conciencia que NO PUEDE extenderse más allá de este nuevo estado.

Todos aquellos que sostienen la preexistencia son evidentemente de esta opinión, puesto que admiten que el alma no conserva ninguna conciencia de lo que hizo en ese estado preexistente, ya sea totalmente separada del cuerpo o animando cualquier otro cuerpo; y si no lo hicieran, es evidente que la experiencia estaría en su contra. De modo que, dado que la identidad personal no llega más allá de lo que alcanza la conciencia, un espíritu preexistente que no haya permanecido tantos siglos en estado de silencio, necesariamente ha de constituir personas diferentes.

Supongamos que un platónico cristiano o un pitagórico, una vez que Dios hubo terminado todas sus obras de creación en el séptimo día, pensara que su alma ha existido desde entonces, y se imaginara que ha rotado por varios cuerpos humanos —como una vez conocí a uno que estaba persuadido de que la suya había sido el ALMA de Sócrates (cuán razonablemente no voy a disputarlo; esto sé: que en el puesto que ocupaba, que no era insignificante, pasaba por un hombre muy racional, y la imprenta ha demostrado que no le faltaba talento ni erudición)—; ¿diría alguien que él, al no ser consciente de ninguna de las acciones o pensamientos de Sócrates, puede ser la misma PERSONA que Sócrates?

Que cualquiera reflexione sobre sí mismo y concluya que tiene en sí un espíritu inmaterial, que es lo que piensa en él y, en el cambio constante de su cuerpo, lo mantiene siendo el mismo, y es lo que llama a SÍ MISMO; supóngase también que es la misma alma que estuvo en Néstor o en Tersites en el sitio de Troya (pues siendo las almas, por lo que sabemos de ellas, indiferentes en su naturaleza a cualquier porción de materia, la suposición no encierra absurdo aparente alguno), lo cual bien pudo haber sido, así como ahora es el alma de cualquier otro hombre; pero al no tener él ahora conciencia de ninguna de las acciones ni de Néstor ni de Tersites, ¿se considera o puede considerarse a sí mismo la misma persona que cualquiera de ellos?

¿Puede interesarle alguna de las acciones de ambos?, ¿atribuírselas a sí mismo o pensar que son suyas más que las acciones de cualquier otro hombre que haya existido jamás? De modo que, al no extenderse esta conciencia a ninguna de las acciones de ninguno de esos dos hombres, él no es más un mismo YO con ninguno de ellos que si el alma o espíritu inmaterial que ahora lo anima hubiera sido creado y hubiera empezado a existir cuando comenzó a animar su cuerpo actual; aunque fuera del todo cierto que el mismo ESPÍRITU que animó el cuerpo de Néstor o el de Tersites fuera numéricamente el mismo que ahora anima el suyo.

Pues esto no lo haría más la misma persona con Néstor que si algunas de las partículas de materia que una vez fueron parte de Néstor fueran ahora parte de este hombre; ya que la misma sustancia inmaterial, sin la misma conciencia, no hace más a la misma persona por estar unida a un cuerpo que la misma partícula de materia, sin conciencia, unida a un cuerpo, hace a la misma persona. Pero que él llegue a encontrarse consciente de alguna de las acciones de Néstor, y entonces se hallará a sí mismo siendo la misma persona que Néstor.

  1. El cuerpo, así como el alma, concurre a la formación de un Hombre.

Y así podremos ser capaces, sin ninguna dificultad, de concebir a la misma persona en la resurrección, aunque en un cuerpo no exactamente igual en su hechura o en sus partes al que tuvo aquí, —acompañando la misma conciencia al alma que lo habita—.

Sin embargo, el alma sola, en el cambio de cuerpos, apenas sería suficiente para hacer al mismo hombre, excepto para aquel que hace del alma el hombre.

Pues si el alma de un príncipe, llevando consigo la conciencia de la vida pasada del príncipe, entrara y animara el cuerpo de un zapatero, tan pronto como este fuera abandonado por su propia alma, todo el mundo ve que sería la misma PERSONA que el príncipe, responsable únicamente de las acciones del príncipe; mas ¿quién diría que era el mismo HOMBRE?

También el cuerpo concurre a la formación del hombre, y, supongo, determinaría al hombre para todo el mundo en este caso, en el cual el alma, con todos sus pensamientos principescos a cuestas, no constituiría otro hombre: sino que sería el mismo zapatero para todos excepto para sí mismo.

Sé que, en el modo ordinario de hablar, la misma persona y el mismo hombre representan una y la misma cosa. Y en verdad cada cual tendrá siempre la libertad de hablar como le plazca, y de aplicar qué sonidos articulados a qué ideas considere oportuno, y de cambiarlos tan a menudo como le plazca.

Pero aun así, cuando queramos indagar qué hace que sea el mismo ESPÍRITU, HOMBRE o PERSONA, debemos fijar las ideas de espíritu, hombre o persona en nuestras mentes; y habiendo determinado para con nosotros mismos qué queremos decir con ellas, no será difícil decidir, en cualquiera de ellos o en casos semejantes, cuándo es el mismo y cuándo no.

  1. La conciencia sola une las acciones en la misma Persona.

Pero aunque la misma sustancia inmaterial o alma no constituye por sí sola, dondequiera que esté y en cualquier estado que se encuentre, al mismo HOMBRE; sin embargo, es evidente que la conciencia, hasta dondequiera que pueda extenderse —incluso si se remontara a edades pasadas— une existencias y acciones muy remotas en el tiempo en la misma PERSONA, del mismo modo que une las existencias y acciones del momento inmediatamente anterior: de modo que cualquiera que tenga conciencia de acciones presentes y pasadas es la misma persona a quien ambas pertenecen.

Si tuviera la misma conciencia de haber visto el arca y el diluvio de Noé que la que tengo de haber visto un desbordamiento del Támesis el invierno pasado, o la de que escribo ahora, no podría dudar más de que yo, el que escribe esto ahora, el que vio el Támesis desbordado el invierno pasado y el que contempló las aguas en el diluvio universal, soy el mismo YO —colocad ese yo en la SUSTANCIA que os plazca— de lo que dudo que yo, el que esto escribe, sea ahora mismo, mientras escribo (ya consista en la misma sustancia, material o inmaterial, o no), el mismo YO que era ayer.

Pues en lo que respecta a este punto de ser el mismo yo, no importa si este yo presente se compone de las mismas sustancias u otras distintas; puesto que yo estoy tan interesado y soy tan justamente responsable de cualquier acción realizada hace mil años, apropiada ahora para mí por esta autoconciencia, como lo soy de lo que hice en el último instante.

  1. El Ser depende de la Conciencia, no de la Sustancia.

YO ES esa cosa que piensa conscientemente —de cualquier sustancia que esté hecha, (ya sea espiritual o material, simple o compuesta, no importa)— que es sensible o consciente del placer y del dolor, capaz de felicidad o miseria, y que, por tanto, se preocupa por sí misma hasta donde llega esa conciencia.

Así, cada uno descubre que, mientras esté comprendido bajo esa conciencia, el dedo meñique es tan parte de sí mismo como lo que más. Tras la separación de este dedo meñique, si esta conciencia fuera con el dedo meñique y dejara al resto del cuerpo, es evidente que el dedo meñique sería la persona, la misma persona; y entonces el yo no tendría nada que ver con el resto del cuerpo.

Así como en este caso es la conciencia la que acompaña a la sustancia, cuando una parte se separa de otra, lo que hace que sea la misma persona y constituye este yo inseparable: así ocurre con respecto a sustancias distantes en el tiempo. Aquello a lo que la conciencia de esta cosa pensante actual PUEDE unirse, constituye la misma persona, y es un solo yo con ella, y con ninguna otra cosa; y por tanto se atribuye a sí mismo y hace propias todas las acciones de esa cosa, hasta donde alcanza esa conciencia, y no más allá; tal como cualquiera que reflexione percibirá.

  1. Personas, no Sustancias, los Objetos de Premio y Castigo.

En esta identidad personal se fundamenta todo el derecho y la justicia del premio y del castigo; siendo la felicidad y la miseria aquello por lo que cada uno se preocupa por SÍ MISMO, y no importando lo que sea de cualquier SUSTANCIA que no esté unida a esa consciencia, o afectada por ella.

Pues, como resulta evidente en el ejemplo que acabo de dar, si la consciencia acompañara al dedo meñique cuando este es cortado, ese sería el mismo yo que ayer se preocupaba por todo el cuerpo, por formar parte de sí mismo, cuyas acciones de entonces no puede por menos que admitir ahora como suyas propias.

Aunque, si el mismo cuerpo siguiera viviendo y, de inmediato a la separación del dedo meñique, tuviera su propia consciencia peculiar, de la cual el dedo meñique no supiera nada, no se preocuparía en absoluto por él como parte de sí mismo, ni podría reconocer ninguna de sus acciones, ni hacérsele imputable ninguna de ellas.

  1. En qué consiste la identidad personal.

Esto nos puede mostrar en qué consiste la identidad personal: no en la identidad de sustancia, sino, como he dicho, en la identidad de conciencia, en la cual, si Sócrates y el actual alcalde de Queenborough coinciden, son la misma persona; si el mismo Sócrates despierto y dormido no participan de la misma conciencia, el Sócrates despierto y el dormido no son la misma persona.

Y castigar al Sócrates despierto por lo que el Sócrates dormido pensó, y de lo cual el Sócrates despierto nunca fue consciente, no sería más justo que castigar a un gemelo por lo que hizo su hermano gemelo, de lo cual no sabía nada, porque sus apariencias externas eran tan parecidas que no se podían distinguir; pues tales gemelos se han visto.

  1. El olvido absoluto separa lo así olvidado de la persona, pero no del hombre.

Pero aun posiblemente todavía se objetará: Supongamos que pierdo por completo la memoria de algunas partes de mi vida, más allá de la posibilidad de recuperarlas, de modo que tal vez nunca vuelva a ser consciente de ellas; aun así, ¿no soy la misma persona que realizó aquellas acciones, que tuvo aquellos pensamientos de los que una vez fui consciente, aunque ahora los haya olvidado?

A lo que respondo que aquí debemos advertir a qué se aplica la palabra yo; la cual, en este caso, es únicamente el HOMBRE. Y presumiéndose que el mismo hombre es la misma persona, se supone fácilmente aquí que el «yo» representa también a la misma persona.

Pero si es posible que el mismo hombre tenga conciencias distintas e incomunicables en diferentes momentos, está fuera de duda que el mismo hombre constituiría en diferentes momentos distintas personas; lo cual, como vemos, es el sentido de la humanidad en la más solemne declaración de sus opiniones, ya que las leyes humanas no castigan al hombre loco por las acciones del hombre cuerdo, ni al cuerdo por lo que hizo el loco, convirtiéndolos con ello en dos personas: lo cual se explica en parte por nuestra forma de hablar en inglés cuando decimos que alguien «no es él mismo» o está «fuera de sí»; expresiones en las que se insinúa, como si quienes las usaron ahora o al menos por primera vez pensaran que el sí mismo había cambiado; que la misma persona ya no estaba en ese hombre.

  1. Difference between Identity of Man and of Person.

Sin embargo, es difícil concebir que Sócrates, el mismo hombre individual, deba ser dos personas. Para ayudarnos un poco en esto, debemos considerar qué se entiende por Sócrates, o por el mismo HOMBRE individual.

First, it must be either the same individual, immaterial, thinking substance;

  • in short, the same numerical soul, and nothing else.

En segundo lugar, o el mismo animal, sin consideración alguna por un alma inmaterial.

En tercer lugar, o el mismo espíritu inmaterial unido al mismo animal.

Ahora bien, tómese cualquiera de estas suposiciones a su gusto, es imposible hacer que la identidad personal consista en otra cosa que no sea la conciencia, o que alcance más allá de lo que esta alcanza.

Pues, por el primero de ellos, debe admitirse como posible que un hombre nacido de diferentes mujeres, y en tiempos lejanos, pueda ser el mismo hombre. Una forma de hablar que, quienquiera que la admita, debe consentir que sea posible que el mismo hombre sea dos personas distintas, como cualesquiera dos que hayan vivido en diferentes eras sin el conocimiento de los pensamientos el uno del otro.

Por el segundo y tercero, Sócrates, en esta vida y después de ella, no puede ser el mismo hombre de ninguna manera, sino por la misma consciencia; y haciendo así que la identidad humana consista en lo mismo en que situamos la identidad personal, habrá dificultad para admitir que el mismo hombre sea la misma persona.

Pero entonces aquellos que sitúan la identidad humana solo en la consciencia, y no en alguna otra cosa, deben considerar cómo harán que el infante Sócrates sea el mismo hombre que el Sócrates posterior a la resurrección.

Pero sea lo que fuere lo que para algunos hombres hace a un hombre, y consecuentemente al mismo hombre individual, en lo cual quizás pocos estén de acuerdo, la identidad personal no puede ser situada por nosotros en nada más que en la consciencia (que es lo único que hace lo que llamamos YO), sin envolvernos en grandes absurdos.

24.

Pero ¿no es un hombre borracho y sobrio la misma persona? ¿Por qué si no es castigado por el acto que comete estando borracho, aunque nunca después sea consciente de ello?

Exactamente la misma persona que un hombre que camina y hace otras cosas durmiendo es la misma persona, y es responsable de cualquier daño que cause en ese estado.

Las leyes humanas castigan a ambos con una justicia acorde a su modo de conocimiento; porque, en estos casos, no pueden distinguir con certeza qué es real y qué fingido; y por eso la ignorancia en la embriaguez o en el sueño no se admite como alegación.

Pero en el Gran Día, en el que los secretos de todos los corazones serán revelados, puede ser razonable pensar que nadie será hecho responsable de aquello de lo que nada sabe, sino que recibirá su condena, acusándole o exculpándole su conciencia.

  1. La conciencia sola une existencias remotas en una sola Persona.

Nada más que la conciencia puede unir existencias remotas en una misma persona: la identidad de sustancia no lo hará; pues sea cual fuere la sustancia, por muy conformada que esté, sin conciencia no hay persona: y un cadáver puede ser una persona, del mismo modo que cualquier clase de sustancia puede serlo, sin conciencia.

¿Podríamos suponer dos conciencias distintas e incomunicables que actúan en el mismo cuerpo, la una constantemente de día, la otra de noche; y, por otra parte, una misma conciencia que actúa, a intervalos, en dos distintos cuerpos? Pregunto, en el primer caso, ¿si el hombre del día y el de la noche no serían dos personas tan distintas como Sócrates y Platón? Y si, en el segundo caso, ¿no habría una persona en dos cuerpos distintos, tanto como un mismo hombre es el mismo con dos vestimentas distintas?

Y no obsta en absoluto decir que esta conciencia misma y esta conciencia distinta, en los casos antes mencionados, se deben a sustancias inmateriales idénticas y distintas, respectivamente, que la aportan a esos cuerpos; lo cual, sea cierto o no, no altera el caso: puesto que es evidente que la identidad personal vendría igualmente determinada por la conciencia, ya sea que dicha conciencia esté unida a alguna sustancia inmaterial individual o no.

Pues, concediendo que la sustancia pensante en el hombre deba suponerse necesariamente inmaterial, es evidente que esa entidad pensante inmaterial puede a veces desprenderse de su conciencia pasada y recuperarla de nuevo: como se ve en el olvido que los hombres tienen a menudo de sus acciones pasadas; y la mente muchas veces recupera la memoria de una conciencia pasada que había perdido durante veinte años seguidos.

Hagáse que estos intervalos de memoria y olvido se turnen regularmente por el día y por la noche, y se tendrán dos personas con el mismo espíritu inmaterial, tanto como en el primer ejemplo dos personas con el mismo cuerpo. De modo que el yo no está determinado por la identidad o diversidad de sustancia, de la cual no puede estar seguro, sino únicamente por la identidad de la conciencia.

  1. No la sustancia con la que la conciencia pueda estar unida.

En efecto, puede concebir que la sustancia de la que ahora se compone haya existido anteriormente, unida al mismo ser consciente; pero, retirada la conciencia, esa sustancia ya no es más sí misma, o no forma ya parte de ella más que cualquier otra sustancia; como es evidente en el ejemplo que ya hemos dado de un miembro amputado, de cuyo calor, frío u otras afecciones, al no tener ya ninguna conciencia, no es más parte del hombre mismo que cualquier otra materia del universo.

De igual manera sucederá con respecto a cualquier sustancia inmaterial que carezca de esa conciencia por la cual yo soy yo mismo para mí mismo: de modo que, si al recordarlo no puedo unirme a esa conciencia presente por la cual ahora soy yo mismo, en esa parte de su existencia no será más YO MISMO que cualquier otro ser inmaterial.

Pues, cualquiera que sea el pensamiento o la acción de cualquier sustancia que yo no pueda recordar, y mediante mi conciencia hacer que sea mi propio pensamiento y acción, no me pertenecerá más —ya sea que una parte de mí lo haya pensado o hecho— que si hubiera sido pensado o hecho por cualquier otro ser inmaterial existente en cualquier parte.

  1. La conciencia une las sustancias, materiales o espirituales, con la misma personalidad.

Estoy de acuerdo en que la opinión más probable es que esta conciencia está unida a una sola sustancia inmaterial, y constituye un afecto de la misma.

Pero dejen que los hombres, según sus diversas hipótesis, resuelvan esto como les plazca. Todo ser inteligente, consciente de la felicidad o de la miseria, debe conceder esto: que hay algo que es ÉL MISMO, por lo que se preocupa y desearía que fuese feliz; que este yo ha existido en una duración continua durante más de un instante, y por lo tanto es posible que exista, como lo ha hecho, en los meses y años venideros, sin que se fijen límites ciertos a su duración; y puede ser el mismo yo, mediante la misma conciencia prolongada hacia el futuro.

Y así, por medio de esta conciencia, él se descubre a sí mismo como el mismo yo que realizó tal o cual acción hace algunos años, por lo cual llega a ser feliz o desgraciado ahora. En todo este relato del yo, no se considera que la misma SUSTANCIA numérica constituya el mismo yo; sino la misma CONCIENCIA continuada, en la cual varias sustancias pueden haber estado unidas y luego separadas de ella, las cuales, mientras continuaron en unión vital con aquello en donde residía entonces esta conciencia, formaron parte de ese mismo yo.

Así, cualquier parte de nuestros cuerpos, unida vitalmente a aquello que es consciente en nosotros, forma parte de nosotros mismos: pero al producirse la separación de la unión vital mediante la cual se comunica esa conciencia, aquello que hacía un momento era parte de nosotros mismos, ya no lo es más de lo que una parte del yo de otro hombre es parte de mí; y no es imposible que en poco tiempo llegue a ser parte real de otra persona. Y así tenemos que la misma sustancia numérica pasa a ser parte de dos personas diferentes, y la misma persona se preserva bajo el cambio de varias sustancias.

Si pudiéramos suponer un espíritu totalmente despojado de toda su memoria o conciencia de acciones pasadas —como encontramos que nuestras mentes lo están siempre de una gran parte de las nuestras, y a veces de todas ellas—, la unión o separación de tal sustancia espiritual no alteraría en absoluto la identidad personal, del mismo modo en que no lo hace la de ninguna partícula de materia. Cualquier sustancia unida vitalmente al presente ser pensante es parte de ese mismo y exacto yo que ahora es; cualquier cosa unida a él por la conciencia de acciones anteriores forma también parte del mismo yo, que es el mismo tanto entonces como ahora.

  1. Persona, término forense.

PERSONA, según lo entiendo, es el nombre para este yo. Dondequiera que un hombre encuentra lo que llama sí mismo, allí, creo yo, otro puede decir que está la misma persona. Es un término forense que se apropia de las acciones y de su mérito; y por tanto pertenece sólo a agentes inteligentes, capaces de una ley, de la felicidad y de la miseria.

Esta personalidad se extiende más allá de la existencia presente hacia lo pasado, únicamente mediante la conciencia, por la cual se vuelve concerniente y responsable; reconoce y se imputa a sí misma las acciones pasadas, exactamente sobre el mismo fundamento y por la misma razón que lo hace con las presentes. Todo lo cual se funda en una preocupación por la felicidad, el concomitante inevitable de la conciencia; aquello que es consciente del placer y del dolor, deseando que ese yo que es consciente sea feliz.

Y por consiguiente, cualquier acción pasada que no pueda conciliar o APROPIARSE para ese yo presente mediante la conciencia, no puede afectarle más que si nunca hubiese sido realizada; y recibir placer o dolor, es decir, recompensa o castigo, a causa de cualquiera de tales acciones, viene a ser todo uno que ser hecho feliz o desgraciado en su primera existencia, sin demérito alguno. Pues, suponiendo que un HOMBRE sea castigado ahora por lo que hizo en otra vida, de lo cual no se le pueda hacer tener conciencia en absoluto, ¿qué diferencia hay entre ese castigo y ser CREADO desgraciado?

Y por tanto, en conformidad con esto, el apóstol nos dice que, en el gran día, cuando cada uno «reciba según sus obras, los secretos de todos los corazones serán manifestados». La sentencia será justificada por la conciencia que todas las personas tendrán de que ELLOS MISMOS, en cualesquiera cuerpos que aparezcan, o a cualesquiera sustancias que esa conciencia esté adherida, son los MISMOS que cometieron aquellas acciones, y merecen ese castigo por ellas.

  1. Las suposiciones que parecen extrañas son perdonables en nuestra ignorancia.

Soy bastante propenso a pensar que he hecho, al tratar este tema, algunas suposiciones que parecerán extrañas a algunos lectores, y posiblemente lo sean en sí mismas.

Sin embargo, creo que son de las que pueden perdonarse, dada esta ignorancia en la que nos encontramos acerca de la naturaleza de esa cosa pensante que hay en nosotros, y a la que consideramos NOSOTROS MISMOS.

Si supiéramos qué es; o cómo está unida a cierto sistema de efímeros espíritus animales; o si puede o no puede realizar sus operaciones de pensamiento y memoria fuera de un cuerpo organizado como el nuestro; y si ha placido a Dios que ningún tal espíritu se una jamás a más de un solo cuerpo de esa clase, de cuya correcta constitución de los órganos dependa su memoria; podríamos ver lo absurdo de algunas de esas suposiciones que he hecho.

Pero tomando, como hacemos habitualmente ahora (a oscuras respecto a estos asuntos), el alma de un hombre como una sustancia inmaterial, independiente de la materia e indiferente por igual a toda ella; no puede haber, por la naturaleza de las cosas, absurdo alguno en suponer que una misma ALMA pueda en diferentes momentos estar unida a diferentes CUERPOS, y con ellos componer por ese tiempo un HOMBRE: así como suponemos que una parte del cuerpo de una oveja ayer puede ser parte del cuerpo de un hombre mañana, y en esa unión constituir una parte vital del propio Melibeo, tal como lo hizo de su carnero.

  1. La dificultad derivada del mal uso de los nombres.

Para concluir:

Cualquier sustancia que comience a existir, debe, durante su existencia, ser necesariamente la misma: cualquier composición de sustancias que comience a existir, durante la unión de esas sustancias, lo concreto debe ser lo mismo: cualquier modo que comience a existir, durante su existencia es el mismo: y así, si la composición es de sustancias distintas y diferentes modos, la misma regla se cumple.

De lo cual parecerá que la dificultad u oscuridad que ha habido en este asunto surge más del mal uso de los nombres que de cualquier oscuridad en las cosas mismas. Pues cualquiera que sea la idea específica a la que se aplica el nombre, si esa idea se mantiene firmemente, la distinción de cualquier cosa en lo mismo y lo diverso se concebirá fácilmente, y no podrá surgir duda alguna al respecto.

  1. La continuidad de aquello que hemos hecho para que sea nuestra idea compleja del hombre es lo que hace al mismo hombre.

Porque, suponiendo que un espíritu racional sea la idea de un HOMBRE, es fácil saber qué es el mismo hombre, a saber: el mismo espíritu —ya sea separado o en un cuerpo— será el MISMO HOMBRE.

Suponiendo que un espíritu racional esté unido vitalmente a un cuerpo de cierta conformación de partes para hacer un hombre; mientras ese espíritu racional, con esa conformación vital de partes, aunque continúe en un cuerpo evanescente y sucesivo, permanezca, será el MISMO HOMBRE.

Pero si para alguien la idea de un hombre no es sino la unión vital de partes en cierta forma; mientras esa unión vital y forma permanezcan en un todo concreto, el cual no es el mismo sino por una sucesión continuada de partículas evanescentes, será el MISMO HOMBRE.

Porque, cualquiera que sea la composición de la que esté hecha la idea compleja, siempre que la existencia la convierta en una cosa particular bajo cualquier denominación, LA MISMA EXISTENCIA CONTINUADA la preserva como el MISMO individuo bajo la misma denominación.

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