Ven ahora y háblame de Alejandro, de Filipo y de Demetrio de Falero. Ellos mismos juzgarán si descubrieron lo que la naturaleza común requería y se ejercitaron en consecuencia. Mas si actuaron como héroes de tragedia, nadie me ha condenado a imitarlos. Sencilla y modesta es la obra de la filosofía. No me desvíes hacia la indolencia y la vanidad.
Mira desde lo alto los innumerables rebaños de hombres y sus innumerables solemnidades, y los viajes infinitamente variados en tempestades y bonanzas, y las diferencias entre los que nacen, conviven y mueren.
Y considera también la vida vivida por otros en la antigüedad, y la vida de aquellos que vivirán después de ti, y la vida que ahora se vive entre las naciones bárbaras, y cuántos ni siquiera conocen tu nombre, y cuántos pronto lo olvidarán, y cómo aquellos que quizás ahora te alaban muy pronto te vituperarán, y que ni un nombre póstumo tiene valor alguno, ni la reputación, ni ninguna otra cosa.
Que haya libertad frente a las perturbaciones respecto a las cosas que provienen de una causa externa; y que haya justicia en los actos realizados en virtud de la causa interna, es decir, que haya movimiento y acción que terminen en esto, en actos sociales, pues esto es conforme a tu naturaleza.
Puedes apartar del camino muchas cosas inútiles de entre las que te inquieten, pues dependen por entero de tu opinión; y te harás entonces con un amplio espacio al abarcar con tu mente todo el universo, contemplar la eternidad del tiempo y observar el rápido cambio de cada cosa en particular, cuán corto es el tiempo desde el nacimiento hasta la disolución, y el tiempo ilimitado anterior al nacimiento, así como el tiempo igualmente infinito posterior a la disolución.