Comprende al fin que hay en ti algo mejor y más divino que las cosas que provocan tus diversas pasiones y, por decirlo así, te arrastran como a una marioneta.
¿Qué hay ahora en mi mente? ¿Es acaso miedo, o sospecha, o deseo, o algo por el estilo?
Primero, no hagas nada inconsideradamente ni sin un propósito. Segundo, haz que tus actos no se refieran a otra cosa que a un fin social.
Piensa que dentro de poco no serás nadie ni en ninguna parte, ni existirá ninguna de las cosas que ahora ves, ni ninguno de los que ahora viven.
Pues todas las cosas están formadas por naturaleza para cambiar, transformarse y perecer, a fin de que otras cosas en sucesión continua puedan existir.
Considera que todo es opinión, y la opinión está en tu poder. Saca de ti entonces, cuando lo elijas, tu opinión, y como un navegante que ha doblado el promontorio, hallarás calma, todo estable y una bahía sin olas.
Cualquier actividad, sea la que fuere, cuando ha cesado a su debido tiempo, no sufre ningún mal por haber cesado; ni aquel que ha realizado este acto sufre ningún mal por la razón de que el acto haya cesado. De la misma manera, pues, el todo que consiste en todos los actos, que es nuestra vida, si cesa a su debido tiempo, no sufre ningún mal por esta razón, por haber cesado; ni aquel que ha terminado esta serie en el momento oportuno ha sido maltratado. Pero el momento oportuno y el límite los fija la naturaleza; a veces, como en la vejez, la naturaleza particular del hombre, pero siempre la naturaleza universal, mediante cuyo cambio de partes el universo entero continúa siempre joven y perfecto. Y todo lo que es útil para lo universal es siempre bueno y oportuno.