Otro así: ¿Cómo haré para no perder a mi hijito? Tú así: ¿Cómo haré para no temer perderlo? En fin, dirige tus oraciones de este modo, y mira qué resulta.
Epicuro dice:
En mi enfermedad mi conversación no versaba sobre mis sufrimientos corporales —dice—, ni hablaba de tales asuntos con quienes me visitaban; sino que continuaba disertando sobre la naturaleza de las cosas como antes, manteniéndome en este punto principal: cómo la mente, al participar en tales movimientos que ocurren en la pobre carne, debe estar libre de perturbaciones y mantener su propio bien. Tampoco —dice— di a los médicos la oportunidad de poner caras solemnes, como si estuvieran haciendo algo grandioso, sino que mi vida transcurrió bien y felizmente.
Haz, pues, lo mismo que él hizo tanto en la enfermedad, si estás enfermo, y en cualquier otra circunstancia; pues nunca desertar de la filosofía en cualesquiera acontecimientos que puedan sobreveninos, ni sostener charlas triviales ya sea con un ignorante o con alguien desvinculado de la naturaleza, es un principio de todas las escuelas de filosofía; sino estar atento únicamente a lo que ahora estás haciendo y al instrumento con el que lo haces.
Cuando estés ofendido por la conducta desvergonzada de alguien, pregúntate inmediatamente: ¿Es posible, entonces, que no haya hombres desvergonzados en el mundo? No es posible. No exijas, por tanto, lo imposible. Pues este hombre también es uno de esos desvergonzados que necesariamente deben existir en el mundo. Ten presentes las mismas