no serás ni libre, ni bastarás para tu propia felicidad, ni estarás libre de pasiones. Pues por necesidad has de ser envidioso, celoso y suspicaz con quienes pueden arrebatarte esas cosas, y conspirar contra quienes poseen aquello que es valorado por ti. Por necesidad, un hombre que carece de cualquiera de estas cosas ha de encontrarse por completo en un estado de perturbación; y además, con frecuencia ha de culpar a los dioses.
Pero venerar y honrar tu propia mente te hará estar contento contigo mismo, y en armonía con la sociedad, y de acuerdo con los dioses, es decir, alabando todo lo que ellos dan y han ordenado.
Arriba, abajo, por todas partes se encuentran los movimientos de los elementos.
Pero el movimiento de la virtud no está en ninguno de estos: es algo más divino y, avanzando por un camino apenas observado, prosigue felizmente su marcha.