Pues con su parte intelectual tan solo toca la inteligencia misma que ha fluído y derivado de él hacia estos cuerpos. Y si tú también te acostumbras a hacer esto, te librarás de tu gran inquietud. Pues quien no presta atención a la pobre carne que lo envuelve, ciertamente no se molestará en buscar vestidos, morada, fama y otras cosas externas y apariencias semejantes.
Tres son las cosas de que estás compuesto: un pequeño cuerpo, un pequeño soplo [vida], inteligencia.
De estas, las dos primeras son tuyas en la medida en que es tu deber cuidarlas; pero la tercera propiamente es solo tuya.
Por tanto, si separas de ti mismo, es decir, de tu entendimiento, cuanto otros hacen o dicen, y lo que tú mismo has hecho o dicho, y cuanto futuro te turba por poder acaecer, y cuanto en el cuerpo que te envuelve o en el soplo [vida] que por naturaleza está asociado al cuerpo se te adhiere independientemente de tu voluntad, y cuanto el vórtice exterior circundante arrebata, de modo que la potencia intelectual, exenta de las cosas del destino, pueda vivir pura y libre por sí misma, haciendo lo justo, aceptando lo que sucede y diciendo la verdad:
si separas, digo, de esta facultad rectora las cosas que se le adhieren por las impresiones de los sentidos, y las cosas del tiempo venidero y del tiempo pasado, y te haces semejante a la esfera de Empédocles,
Alrededor, y en su alegre reposo descansando;
y si te esfuerzas por vivir únicamente lo que es verdaderamente tu vida, es decir, el presente—entonces podrás pasar la porción de vida que te queda hasta el momento de tu muerte, libre de perturbaciones, noblemente y obediente a tu propio daimon [al dios que hay dentro de ti].