señora Stone a la primera oportunidad. Es en todos los sentidos un gran contraste con Lettice.
Podía imaginar que el estado de las cosas en Old Hall no era demasiado feliz.
El coronel Protheroe se había vuelto a casar unos cinco años antes. La segunda señora Protheroe era una mujer extraordinariamente atractiva con un estilo bastante poco común. Siempre había sospechado que las relaciones entre ella y su hijastra no eran demasiado felices.
Tuve una interrupción más. Esta vez fue mi vicario, Hawes. Quería saber los detalles de mi entrevista con Protheroe.
Le conté que el coronel había reprobado sus «tendencias papistas», pero que el verdadero propósito de su visita había tratado sobre un asunto muy distinto. Al mismo tiempo, presenté mi propia queja y le dije claramente que debía atenerse a mis directrices.
En general, recibió mis observaciones muy bien.
Me sentí bastante arrepentido cuando se hubo marchado por no haberle tenido más simpatía. Estos afectos y antipatías irracionales que uno siente hacia la gente son, estoy seguro, muy poco cristianos.
Con un suspiro, me di cuenta de que las manecillas del reloj de mi mesa de escribir marcaban las cinco menos cuarto, señal de que en realidad eran las cuatro y media, y me dirigí al salón.
Cuatro de mis feligreses estaban reunidos allí con tazas de té. Griselda se sentaba tras la mesa del té tratando de lucir natural en su entorno, pero solo conseguía parecer más fuera de lugar que de costumbre.
Estreché la mano de todos y me senté entre la señorita Marple y la señorita Wetherby.