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nydus/Frenzied Finance, Vol. 1: The Crime of AmalgamatedPublic
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CAPÍTULO XXVIII. PAZ POR FIN

POR FIN LA PAZ

Cuando cayó el telón sobre la escena final de la representación en el tribunal de Delaware, se produjo un breve intervalo de calma en los asuntos de la Bay State Gas.

Regocijándose por la desviación temporal de la atención pública, los actores principales procedieron a asumir sus antiguos papeles, y pronto los asuntos comenzaron a marchar a su ritmo de antes. Rogers tomó posesión de todas las compañías de gas de Boston y esperó pacientemente a que bajara por la carretera algún viajero con más dinero que cerebro.

Habiendo corrompido con éxito al Estado de Delaware, a Addicks le estaban tomando medidas para la toga senatorial, cuando accidentalmente la dama ciega dejó caer sus balanzas sobre su desprotegido magín, catástrofe que lo dejó fuera de combate el tiempo suficiente como para permitir que otro se adueñara furtivamente del galardón por el que tanto había luchado.

No nos ocupamos por el momento de los asuntos de Delaware, y basta con decir de pasada que, tras una reñida competencia, un tal Richard Kenney fue elegido para el escaño senatorial que Addicks tanto había codiciado, y que este hombre, un típico cacique electoral de Delaware, tras jurar su cargo como senador de los Estados Unidos, fue llevado de regreso a Wilmington y juzgado por robar un banco de Delaware, siendo sus cómplices otros matones de Addicks.

Las revelaciones hechas en el juicio demostraron que el caso, en todas sus características, se ajustaba al estándar de indecencia de Addicks, pues los directivos del banco, no conformes con fundir («blowing in») hasta el último dólar de los depósitos y del capital que la institución poseía o administraba, se habían apropiado literalmente («lifted»), además, del edificio en el que el banco estaba situado.

Uno de los funcionarios del tribunal que había escuchado las pruebas comentó con concisión:

«¡Hablen de robar una estufa al rojo vivo: este es un caso en el que se llevaron hasta el tubo de chimenea para mantener el tiro funcionando hasta que la instalen en un nuevo lugar!».

Pero Delaware, como mis lectores sin duda habrán deducido mucho antes de esto, es un país a su manera, y los premios y castigos están ajustados de un modo tan perverso que parece una especie de mundo al revés.

En este caso, algunos de los esbirros de Addicks fueron a la cárcel estatal y a la muerte; Kenney regresó al Senado para ayudar a hacer leyes para el gran pueblo libre de América, mientras el principal conspirador, con la amenaza de demandar a la dama vendada por los daños causados, comenzó a colocar las piezas en el tablero de ajedrez de la Bay State Gas con la mira puesta en probar ciertos movimientos nuevos que se le habían ocurrido a su mente de movimiento perpetuo.

La situación de las acciones de Bay State Gas era perfectamente comprendida por el público.

Mientras Rogers tuvo en su poder las compañías de Boston, simplemente las retuvo en fideicomiso, y debía entregarlas en cuanto la corporación matriz tuviera suficiente efectivo para redimirlas. Los títulos seguían en manos del público y de mis amigos, y mi propio deber de poner a Bay State Gas en pie era evidente. Se trataba una vez más de recaudar fondos, y para lograrlo contábamos con la emisión de valores que nos disponíamos a colocar justo antes de que Foster y Braman se no vinieran encima.

Addicks convino en que, si yo emprendía la comercialización de estas acciones, él emitiría únicamente las necesarias para rescatar las propiedades de manos de Rogers. Sus directores se reunieron y adoptaron formalmente una resolución en este sentido, y antes de seguir adelante me sentí satisfecho de que no existía el peligro de que este dinero fuera puesto en peligro sin llegar a robarlo directamente. Por el momento, la compañía no tenía otra actividad que pagar el alquiler de la oficina y los sueldos de los empleados, y a pesar de la inmoralidad financiera de Addicks, todos los que lo conocían sabían bien que no corría ningún riesgo de terminar en la cárcel.

Así que comencé a vender las acciones en el mercado abierto.

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