# CÓMO LAS MANIPULACIONES DE WALL STREET AFECTAN AL PAÍS
¿Cuál es la conexión entre el «Sistema» y las pequeñas instituciones financieras de todo el país que son propiedad y están bajo el control de grupos de hombres recios que no conocen Wall Street ni a sus devotos frenéticos, y que ignoran los «dólares fabricados»?
Veamos. Tomaremos cinco bancos nacionales en diferentes partes del país, cada uno con un capital de 200.000 dólares y depósitos de 2.000.000 de dólares.
- Uno se encuentra en el distrito agrícola de Kansas;
- otro está en Luisiana, en una zona algodonera;
- un tercero está entre los naranjos de California;
- en el distrito minero de Montana hay un cuarto;
- el quinto, en la región maderera de Maine.
Estos 10.000.000 de dólares en depósitos representan ahorros ganados por el tipo de hombres que han hecho de América lo que es, y que se ríen cuando leen en sus periódicos locales: «Pánico en Wall Street; las acciones se desvalorizan mil millones de dólares en un día».
«Los tontos y su dinero se separan fácilmente —dicen—, pero Wall Street no se queda con nada de nuestro dinero ganado honestamente».
Ahora bien, los directivos de estos cinco bancos son hombres honestos y no saben nada del «Sistema», sin embargo, el día del pánico cada uno de ellos telegrafiaba a su corresponsal en Illinois, el gran banco de Chicago: «Presten nuestro saldo, 200.000 dólares, al mejor tipo».
Ese día, el banco de Chicago, con telegramas similares de otros cuarenta y cinco corresponsales en varias partes del país, telegrafía a su corresponsal en Nueva York, el gran banco de Wall Street: «Presten nuestro saldo, 2.000.000 de dólares, a los mejores tipos».
Entonces el gran banco de Nueva York envía a sus corredores a «la Calle» para prestar sobre valores inflados de una u otra clase que sus funcionarios, los devotos del «Sistema», han comprado en inmensas cantidades a precios de saldo, los millones pertenecientes al banco de Chicago y a otros corresponsales suyos en Cincinnati, Omaha, St. Louis y otras grandes ciudades.
La caída se detiene, y entonces el mundo se entera de que el pánico ha terminado y de que las acciones, de las cuales se ha «expulsado» a la gente por valor de mil millones de dólares, han recuperado en un día 500.000.000 de dólares de esa suma, y que probablemente en pocos días más recuperarán los otros 500.000.000.
¿Quién ha recuperado esta vasta suma? ¿La gente que había sido «expulsada»? ¡Pues no! Los devotos del «Sistema» la han ganado: ellos y los financieros frenéticos cuyo reducto es Wall Street, y cuya cosecha está en semejantes ruinas.
El papel que los cinco pequeños bancos desempeñaron inocentemente en este tremendo robo carecía de importancia. Lo importante es que fueron los fondos de sus depositantes y de otros como ellos los que el «Sistema» utilizó para mover la Bolsa de Valores y obtener un beneficio inmenso con la recuperación de los valores.
Es verdad que los bancos apenas recibieron un dos y medio o tres por ciento por el uso de sus saldos, y sus directivos despreciarían la sugerencia de que habían puesto su dinero en peligro en una apuesta en Wall Street.
Pero lo que he esbozado ocurrió, y ha ocurrido muchas veces antes y después, y sirve para demostrar mi afirmación de que toda institución financiera que toma el dinero del pueblo con el propósito ostensible de salvaguardarlo o de ponerlo a trabajar para él, forma parte de la maquinaria para saquear al pueblo.
Tarde o temprano, cada dólar arrebatado por el "Sistema" mediante la manipulación de acciones en Wall Street afecta directamente a cada hombre, mujer y niño en los Estados Unidos.
Veamos, por ejemplo, cómo una caída bursátil en Nueva York afecta al titular de una pequeña póliza de seguro de vida en Wyoming.
Las acciones de las compañías de vapores transoceánicos estadounidenses e inglesas fueron adquiridas por el "Sistema" al doble de su valor real y convertidas en un "trust". Se emitieron nuevas acciones y bonos por un número de veces superior a su valor y se vendieron al público.
Las grandes compañías de seguros compraron muchos millones en estos títulos, utilizando para tal fin el dinero que habían recaudado de los asegurados, dólar a dólar.
Esta "inversión", en el momento en que se realizó, representó en realidad una pérdida de millones para las compañías de seguros compradoras, ya que muchos más millones de lo que la propiedad valía —o podría llegar a valer jamás— habían ido a parar a manos de los antiguos dueños de las compañías navieras, y muchos millones más al "Sistema" como su parte del botín.
Y debe recordarse que los hombres que organizaron el trust naviero fueron los mismos que invirtieron el dinero de la compañía de seguros en sus valores.
El asegurado de Wyoming sabe lo del fideicomiso de la compañía de barcos de vapor y de la terrible pérdida sufrida por aquellos que invirtieron en sus valores. No se da cuenta, sin embargo, de que su compañía de seguros ha estado comprando basura de esa calaña, pues está convencido de que es una institución grande y noble, y muy por encima de Wall Street y de sus imprudentes jugadores.
Incluso cuando él y los de su clase descubren que los dividendos anuales de sus pólizas son cada vez menores y que sus primas aumentan «debido al tremendo incremento en el costo de hacer negocios», no se les pasa por la cabeza relacionar estas desgracias con las monopolizaciones de valores inflados del «Sistema»; ni tampoco las asocian con los brillantes relatos sobre el palacio junto al mar de medio millón de dólares construido por el directivo de la compañía de seguros que había entrado a trabajar en la institución pocos años antes, con su salario como toda fortuna, y a quien ahora se señala como un ejemplo de frugalidad, al poseer entre diez y quince millones.