La roja estatua de Marte con lanza y pavés tanto brilla en su blanco estandarte grande, que todos los campos relumbran por doquier; y junto a su estandarte va su pendón de oro muy rico, en el cual estaba batido el Minotauro que él mató en Creta.
Así cabalga este duque, así cabalga este conquistador, y en su hueste la flor de la caballería, hasta que llegó a Tebas y desmontó hermosamente en un campo, allí donde pensaba luchar.
Pero para hablar brevemente de este asunto, con Creonte, que era rey de Tebas, luchó, y lo mató varonilmente como un caballero en batalla campal, y puso a su gente en fuga; y por asalto conquistó luego la ciudad, y derribó tanto muro, como viga y madero; y a las damas devolvió de nuevo los cuerpos de sus esposos que habían sido muertos, para hacer las obsequias, como era entonces la costumbre.
Mas todo sería demasiado largo de relatar el gran clamor y las lamentaciones que las damas hicieron en la quema de los cuerpos, y el gran honor que Teseo, el noble conquistador, tributó a las damas cuando de él se fueron: pero mi intención es contarlo brevemente.
Cuando este noble duque, este Teseo, A Creonte hubo muerto y ganado así Tebas, Aun en el campo descansó toda la noche, Y dispuso del país entero a su antojo. Para saquear el montón de cuerpos muertos, Para despojarlos de armaduras y ropajes, Los saqueadores hicieron su labor y cuidado, Tras la batalla y la derrota. Y aconteció que en el montón hallaron, Atravesados por muchas y crueles heridas sangrientas, A dos jóvenes caballeros yaciendo el uno junto al otro, Ambos con las mismas armas, forjadas muy ricamente: Delos cuales dos, Arcita se llamaba el uno, Y el otro se llamaba Palamón.