cualquiera le mandara.
Un año o dos en este oficio estuvo, paje de cámara de la bella Emilia; Filóstrato, decía él, era su nombre.
Mas hombre tan amado a la mitad jamás hubo en la corte de su rango. Tan noble era de condición, que por toda la corte su fama resonaba.
Decían que sería una obra de caridad que Teseo su rango elevara, y lo pusiera en algún servicio honroso, donde pudiera ejercitar su virtud.
Y así al poco tiempo su nombre se propagó tanto por sus obras como por su buena labia, que Teseo tanto lo ha acogido, que de su cámara lo ha hecho escudero, y le dio oro para mantener su rango; y además le traían de su país año tras año, muy en secreto, su renta.
Mas con honestidad y maña lo gastaba, que nadie se extrañaba de cómo lo tenía. Y tres años de este modo su vida llevó, y se portó tan bien en paz como en guerra, que no había hombre a quien Teseo tuviera más querido.
Y en esta dicha dejo ahora a Arcite, y hablaré de Palamón un poco.
En tinieieas hórridas, y fuerte prisión, siete años ha que yace Palamón, consumido de amor y de amargura. ¿Quién doble pena y hondo llanto dura sino Palamón? A quien el amor ciñe de tal modo que loco de dolor se tiñe, y es además prisionero perpetuo, no solo por un año entero. ¿Quién rimar en inglés con arte sabría su martirio? En verdad, no soy yo el guía; por tanto, paso tan ligero cual puedo. Aconteció que en el séptimo año, en mayo, la tercera noche (como los viejos libros dicen, que toda esta historia con más claridad describen), ya fuese por ventura o por destino (pues lo que está decretado halla su camino), pasada la medianoche, Palamón, con la ayuda de un amigo, rompió su prisión, y huyó de la ciudad cuán rápido pudo andar, pues a